Aprendemos de los Aciertos No de los Errores

Un estudio neurológico con monos muestra que las células apenas reaccionan ante la experiencia de la equivocación y, por tanto, no mejora el comportamiento

Foto www.agirregabiria.net

ELPAÍS – Madrid. Las células del cerebro implicadas en la memoria y el aprendizaje tienen una respuesta más atinada cuando el individuo tiene un acierto que cuando comente un error, en cuyo caso apenas hay cambios en el cerebro y, por tanto, no mejora su comportamiento. Quizá sea la explicación neurológica profunda de algo tan común en esos primates que somos los humanos de caer una y otra vez en el mismo error, comentan los científicos del Massachussets Institute of Technology (MIT, en EEUU) que han hecho los experimentos. Earl K.Miller y sus colegas cuentan en la revista Neuron que han obtenido instantáneas del proceso de aprendizaje en el cerebro y que ellas muestran cómo la célula cambia su respuesta en tiempo real a partir de la información acerca de una acción correctamente ejecutada o no.
«Mostramos cómo las células del cerebro hacen el seguimiento de si un comportamiento reciente ha sido exitoso o no», explica Miller. En el primer caso, cuando hay éxito, las células se ajustan mejor a lo que el animal está aprendiendo, mientras que tras un fallo no hay apenas cambio, si es que hay alguno, ni mejora el comportamiento. El objetivo de la investigación es conocer mejor los mecanismos neuronales relacionando la información del entorno con la plasticidad de las neuronas o, lo que es lo mismo, la capacidad de cambio cerebral en respuesta a la experiencia.

Los científicos han utilizado monos en el experimento, exponiéndolos a pruebas en un ordenador donde se alternaban imágenes que inducían a mirar hacia la derecha y la izquierda. Con un sistema de recompensas por los aciertos, los animales seguían la táctica de prueba y error para elegir la respuesta correcta. Un sistema de detección de la actividad neuronal permitía a los científicos rastrear sus reacciones en neuronas individuales del cerebro.

«Si el animal obtiene la respuesta correcta, se genera una señal en su cerebro que dice ‘lo has hecho bien’ e, inmediatamente después de una respuesta acertada, las neuronas procesan información de modo más preciso y efectivo que si está equivocada, por lo que es más probable que el mono acierte también en la siguiente prueba», explica Miller en un comunicado del MIT. «Pero después de un error no hay mejora o, en otras palabras, solo tras el éxito se produce proceso cerebral y mejora el rendimiento del animal».

Miguel Vecino Cubero de Barcelona escribió: […] Según dicho estudio, cuando hacemos algo bien, nuestro cerebro mejora, se enriquece y se prepara para la próxima vez, en la que aún lo haremos mejor.

Pero, cuando erramos, nuestro cerebro, tozudo, no se modifica, no cambia, y, en consecuencia, no aprende de ello, con lo cual se multiplican las posibilidades de errar de nuevo. Esto me recuerda que muchos de nosotros hemos conocido a profesores, jefes, familiares, amigos, conocidos, vecinos, gentes que, a la primera, nos señalan sin dudar nuestros errores y fallos, pero que jamás hacen lo propio con los aciertos.
De estos especialistas en la corrección del prójimo ya sabíamos que eran molestos, cargantes y hasta aburridos; hasta hoy su defensa es que lo hacían para corregirnos, por nuestro bien. Tras cada pesada y cada pesado atento a nuestros tropiezos, presto a señalárnoslos, había un ser altruista y bondadoso que no pretendía otra cosa que la mejora de la humanidad. Pero no, resulta que no. Resulta que, como ya sospechábamos, no nos hacían ningún favor.

Ahora la ciencia concluye que su magisterio era estéril y su actitud inútil. Eso, aparte de pesada y cargante y todo lo que ya dije. Haberlos soportado no nos ha hecho mejores. De ellos, no hemos aprendido nada. Sus caras largas, sus agrias muecas, esos gestos desaprobatorios, aquellas miradas entre condescendientes y acusadoras, los gritos, las broncas y las amenazas han pasado (ahora lo sabemos) por nuestra plástica mente sin afectarla, intocada. Tanto esfuerzo, tanta bilis, para nada.

Recuerdo ahora una anécdota, muy anterior a este estudio, que leí no recuerdo dónde. Cierta profesora, que tenía fama de corregir a los incorregibles, acogió una vez en su curso a una alumna negada particularmente para la ortografía (ya había sido desahuciada en dos escuelas y se la daba por perdida). El primer día tocaba dictado y casi puedo imaginarme a la pobre chica en el momento de entregar el resultado en una página temblorosa.
Por supuesto, estaba lleno de faltas. Cuando llegó la hora de entregar el dictado corregido la niña ya sabía lo que le esperaba: una multitud de garabatos en rojo brillante, la cara seria de la maestra, un seco “debes mejorar”, “poner más atención”, en el peor de los casos una bronca, una burla. Sin embargo, en azul eléctrico, sólo había una frase escrita: “Muy limpio, bonita letra”.

Dicen que la niña mejoró espectacularmente a partir de ese momento y que las faltas remitieron hasta desaparecer. Ahora sabemos por qué. Alguno debería tomar nota.

Un comentario

  1. Independientemente de lo que dicen los estudios científicos, el sentido común y la experiencia personal dice que aprendemos mucho más de los errores que de los aciertos.

    Eso sí, evidentemente para que esto ocurra, tenemos que querer aprender de estos errores :).

    La Universidad de la Calle sigue enseñando mucho más que la Universidad normal :).

    Un abrazo,
    Dima.

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