Conectados | Entrevista

Entrevista realizada por Aurelio Álvarez Cortez para la Revista Tú Mismo.

Eva Sandoval cuenta cómo hacer que resuene lo que nos une con aquello que somos, con los demás y Lo Demás

Si no estamos conectados (con uno mismo, con los demás, con Lo Demás), mejor buscar la forma de conseguirlo. Y si no tenemos idea de cómo hacerlo, una opción es leer «La conexión que nos une. Más allá de lo que crees», de Eva Sandoval, publicado por Urano. ¿Y por qué? Porque así dejaremos de buscar lo que ya tenemos e ignoramos. ¿Así de simple? Pues sigamos leyendo y veamos.

«Hay una sabiduría innata que todos tenemos, y de ello trata el contenido de este, mi tercer libro», dice Eva al contar cómo surgió un nuevo compendio de diferentes publicaciones aparecidas en su blog.

Tras señalar que «cualquier proceso de crecimiento, de evolución, de despertar, pasa por diferentes fases» y que por fin «descubres que eso que estás buscando ya lo tienes», recuerda un hecho real y personal que indicaría esas señales que vamos recibiendo y que indican datos importantes sobre lo que nos aguarda en el camino: estudiaba en el instituto, en Blanes, en la Costa Brava catalana, y por entonces a menudo escribía tres palabras: equilibrio, valor, amor. Así se formaba el acrónimo EVA, su nombre. Luego de años de olvido, gracias a un exnovio se dio cuenta de que esa sabiduría incrustada en valores y energías poderosas había estado siempre «aquí».

Esta experiencia fue significativa debido a que «en un momento dado, otra persona puede dar esa información que puede ayudarte a despertar, a descubrir quién eres, y que un nombre puede ser tan magnífico». Por esta razón decidió incluirla en el prólogo, invitando a que otros investiguen en su vida cómo han tenido, y tienen, diferentes llamadas o señales de esa identidad esencial.

Su texto se dirige a las mujeres. «Para ampliar un poco la perspectiva de nuestra riqueza y romper un poco con aquello de que siempre se escribe en masculino», explica Eva, quien sabe por datos contrastados que su público (lectores y asistentes a diferentes actividades suyas) es mayoritariamente femenino. «El hombre, cuando se habla en femenino, casi nunca se siente incluido», afirma. Por lo tanto, es «muy interesante ver cómo estamos domesticados mentalmente, encasillados en un género».

Como «La conexión…» se divide en tres partes, su autora da unas pinceladas de cada una de ellas, para comprender la estructura y el mensaje. En lo que se refiere a la conexión con uno mismo, gira en torno a «saber quién eres». La cuestión es «descubrirte: qué te mueve, qué te apasiona, tus acciones de dónde vienen, la domesticación, el sistema de creencias», y se resume en el famoso «conócete a ti mismo».

La segunda parte, la conexión con los demás, se ocupa del respeto, el amor y las relaciones conscientes. «Si no tienes una relación contigo mismo es complicado que la tengas con los demás. Y cuando digo los demás –aclara– me refiero a personas de otras culturas, a quienes piensan diferente que tú, para que pueda nacer ese respeto, esa sensación de comunidad, con miles de millones de seres habitando un planeta donde no hay fronteras, reconociendo que la mayoría del sufrimiento viene de la mente, no de la relación con un ser humano, y descubriendo que somos parte del mismo clan».

Y la tercera, la conexión con la vida, trata del «conocimiento de qué es la vida, empezando por nuestro planeta y siguiendo por el universo». «Si tuviera que elegir una palabra diría naturaleza. La conexión con la naturaleza nos da esa comprensión de vivir de una forma armónica, con sentido».

Conocedora del pensamiento oriental por haber practicado artes marciales, Eva opina que en Occidente todavía «estamos en la cáscara», en la superficie de una filosofía devenida a través de corrientes tradicionales y que ha aflorado en prácticas como el yoga y la meditación. «Nos hace falta el elemento de la congruencia, de mirar hacia dentro y convertir nuestra vida en eso que estamos proclamando, si no acabaremos como aquel que decía haz lo que yo diga pero no lo que yo que haga», advierte, para añadir: «Se ha mezclado un poco el tú puedes con el tú eres».

Diferentes herramientas van girando en el carrusel de recursos de «Conexiones», pero uno atrapa por su simplicidad y profundidad: «los tres segundos de conexión con el otro». Consiste en mirar a otra persona durante ese brevísimo lapso. «Fue un descubrimiento personal. Con esta conexión visual desaparece todo lo demás; el otro recibe tu total atención plena en una forma potente, directa, estableciendo algo muy bonito que recomiendo practicar diariamente». (Lejos, muy lejos queda aquello de no mires a los ojos, que es de mala educación).

Capítulo aparte es una carta que alguna vez le dirigió a su madre y que también reproduce literalmente. Esa mujer que en su época había sido «bastante revolucionaria, muy independiente y que había tenido su propia empresa», llegó a sentirse culpable por los reproches iniciales de su hija, al comienzo de su desarrollo personal, por una relación caracterizada por amargos desencuentros. Pero, pero… Eva pone las cosas en su lugar: «Mi madre, en mis grandes crisis sacaba esa sabiduría que se traducía al decirme en el momento clave ‘confía en ti, todo saldrá bien’. Cuando yo ya no podía más, me hablaba y tranquilizaba».

A propósito, ¿qué es más importante, la motivación o la inspiración? «Inspirar significa dejar que el espíritu entre, como la respiración (inspirar, expirar). Cuando dejas que el espíritu entre, y actúas, no hay un concepto mental. Incluso puedes estar inspirado y no moverte. Pero, ¿debemos encontrar un motivo para ponernos en acción? Dependiendo del momento, motivar puede resultar peligroso. Prefiero no hacer nada hasta estar inspirada, no motivada«, dice convencida.

Lo que cuestiona Eva, sin duda, es la sociedad del «te vas a caer». «Hasta que cumplí los cuatro años no me di cuenta de que en realidad no me llamaba Te Vas a Caer», dice acordándose de un párrafo en el que cuenta lo que, según parece, es más que un chiste. Con esta frase que muchos recordarán de su infancia «el niño no puede vivir su experiencia –explica–, porque recibe una información externa, desde su entorno, que aprende a asociar muy fácilmente» y por tanto «de mayor, quiere hacer algo y piensa que se va a caer, sin que ello suceda». De modo que en el desarrollo de la vida tanto el equilibrio como la confianza serán todo un objetivo por reconquistar «porque los efectos son muy grandes, de hecho en las personas mayores su gran miedo es el miedo a caer; con los años vuelve ese temor que les han inculcado de pequeños. Incluso ese miedo les impide caminar».

Y puestos a comenzar a reconstruir lo que puede ser mejorado, Eva trabaja en la Fundación Inspira Educación con una idea clara: «La intención es abrir un espacio donde los niños no estén clasificados por edad –lo cual es absurdo afirma–, con recursos donde empiecen a despertar sus intereses y curiosidades, y también aprendan lo que realmente quieran aprender. La imagen sería regar semillas y dejar que crezcan para que sean lo que sean, sin producir robots para futuros puestos de trabajo, recluidos en cárceles modernas. El maestro, en todo caso, es un acompañante en el proceso»

2 comentarios

  1. Entrevista muy interesante que nos lleva a reflexionar sobre nuestras conexiones y sobre nuestro rol como
    educadores .
    Gracias, gracias, gracias.

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