Deja que te afecte

Pero Eva, ¿cómo hago para que no me afecten las cosas? – Pregunta una mujer en un encuentro-.
¿Para qué quieres hacer eso?
Pues porque no me sienta bien y quiero que me de igual.
Pero no te da igual.
Pues no
Entonces deberías dejar que te afecte profundamente para poder hacer algo al respecto.

Somos seres con emociones y sentimientos. ¿Cómo podemos pedir que algo no nos afecte? Muy sencillo, porque no profundizamos y nos dejamos llevar por los patrones obsoletos y oscuros que repetimos sin reflexionar. Nuestra potente domesticación intentó instaurar el programa «ver, oír y callar». Así que para poder «callar» muchas de las cosas que vemos u oímos, contra menos nos afecten mejor ¿verdad?
Pues dependerá de las propias intenciones con la vida misma de cada persona. Si te quieres convertir en un ser robotizado que sigue instrucciones sin cuestionarlas, sí, mejor querer que las cosas no te afecten (que no significa conseguirlo, en breve lo vemos). Si esa es tu decisión solamente ten en cuenta que la insensibilización, inicio de la deshumanización, se aplica igual para la injusticia que para el amor, es decir, que si quieres que no te afecte enterarte de que miles de personas pierden la vida en el mediterráneo o las críticas de tu madre, tampoco te afectará la sonrisa de tu sobrino.

Me parece que, ni toda la inconsciencia del mundo puede librarnos de sentir, y con ello, de saber profundamente lo que está «bien» y lo que está «mal». Y no nos referimos a lo que intelectualmente creemos que está bien o mal, ni al juicio, ni a lo que nos han enseñado, sino a lo que sentimos en nuestro interior, a la sensación, a la certeza, a lo que nos permite ser conscientes de si hacemos daño o respetamos, a lo que sabemos que es verdad. En nuestro interior no hay engaño posible que dure para siempre. Podemos justificar con nuestras excusas mentales aprendidas estilo: no es nada personal, ella hubiera hecho lo mismo o cumplía órdenes, pero, seguramente, nada de eso anestesiará lo suficiente las faltas de respeto hacia otras personas, hacia el planeta o hacia ti. Y si lo hace en un principio, posiblemente no durará mucho tiempo. Seguimos sabiendo, igual que lo sabíamos en nuestra infancia cuando todavía no habíamos sido producto de la domesticación, de que manera nos sientan las cosas que vivimos. Y eso es gracias a que nos afectan las cosas que nos afectan.

No siempre nos damos cuenta en seguida, depende del nivel de consciencia. Es parecido a lo que ocurre cuando una persona está ebria, puede dañarse físicamente y no darse cuenta hasta que se le pasa el efecto del alcohol y se pregunta ¿cómo me he hecho este rasguño? Lógicamente depende de la intensidad del rasguño y del nivel de embriaguez, igual que la inconsciencia.

La depresión es el precio que pagamos por ser buenos. Marshall Rosenberg

Hace demasiado tiempo que «nos portamos bien» a costa de que algunas cosas «no nos afecten», tanto, que llegamos a olvidar quienes somos en realidad.
Si aún nos queda humanidad, muchas situaciones que queremos cambiar, antes de hacerlo, suelen afectarnos. Aunque insistamos en patrones tan insensibilizadores como los que algunas personas suelen ofrecer, con su mejor intención, creyendo que ayudan:
– No dejes que te afecte.
– Te lo tomas demasiado a pecho.
– Eres demasiado sensible.
– Eres una indecisa (una «cagadubtes»)
– No seas tonta.
– Tienes que ser más fuerte.
– Que te importe una mierda.
– No tienes que ser tan buena.
– Parecerás débil.
– No te muestres vulnerable.
– Tómate algo para los nervios.
Mensajes de invitación a la alienación y la anestesia para dejar de sentir, y vivir como zombies.

Aceptamos bombardeos de información pasiva desde los medios publicitarios que intentan vendernos a toda costa una vida que nos dicen que podemos comprar. Llevamos años de ingesta de noticias, con la excusa de estar informadas de lo que pasa en el mundo, cuando no es representativo ni de lejos, en un formato de alta insensibilización que empieza a tener graves consecuencias. Podemos ver la noticia de un país en guerra y en pocos segundos la del tiempo que hará mañana o lo que nos digan en la sección de deportes. Es una especie de llamada a la insensibilización sutil y peligrosa que puede afectar profundamente si todavía mantienes tus sentidos conectados y no optas por anestesiarte. Si acostumbras a comer mientras ves las noticias, prueba a dejar que te afecten la próxima vez, quizá dejas de comer y te pones en acción.

Queremos maravillarnos de que las cosas que nos afectan nos afecten. Así podremos ponerle atención y hacer algo al respecto. Deja te afecte es una propuesta directa a reconectar tus sentidos, a escuchar y ver profundamente para poder sentir y decidir desde las entrañas, no más desde la cabeza. Porque la cabeza comenzará a buscar formas de que no te afecte lo que te afecta y te encontrarás haciendo la pregunta: ¿Cómo hago para que esto no me afecte? Osea que estarás pidiendo otra cerveza para no sentir.

Aceptemos que nos afecta y dejemos que lo haga profundamente sin hacer nada más que sentirlo. Probablemente algunas cosas pueden afectarnos o afectarnos significativamente porque tenemos heridas sin curar:
¿Yo quiero me resbale lo que me dice mi familia? decía otro chico en un taller.
Muy posiblemente si tienes heridas te afectará y cuando te hayas curado «te resbalará». Una resolución a esa situación es curar tus heridas.
Ya, ¿y cómo curo mis heridas?
– Igual que se curan todas heridas, sin hurgar en ellas, con cuidados, cariño, espacio y tiempo suficientes hasta que desaparezcan.

Yo, un día, dejé que me afectaran profundamente las cosas, cada acto que hacía y cada pensamiento que tenía. Fue una especie de shock, no demasiado agradable al principio, ya que había hecho muchas cosas en mi inconsciencia con demasiados efectos dañinos sobre mi, sobre otras personas y sobre la vida en general. Lloré mucho y después de vivir profundamente mi tristeza hice cosas como dejar de comer animales o llamar a cada persona que recordaba que había tratado con poco respecto para disculparme por mi actitud. No todas aceptaron verme, por cierto, y no me extraña, pero con las que lo hicieron vivimos un precioso reconocimiento: «Siento mucho no haberte tratado con el amor que te mereces…» así comenzaba mis encuentros con esas personas. Ser testigo de la transformación de sus rostros y sus ojos brillantes fueron enormes regalos. Se curaron mis heridas. Gracias a eso y a algunas cosas más, siento que he recuperado la humanidad. El respeto se ha convertido en mi mantra y detecto fácilmente su falta. Por eso ahora digo no cuando así lo siento, levanto la mano cuando creo haber molestado a alguien, pongo límites y dejo que me afecte lo que afecta.

Esta es la propuesta: Deja que te afecte para recuperar el sentido más preciado de ti mism@, tu humanidad, tus valores. Gracias a eso, tal vez, podrás reemprender la aventura de tu vida allí donde se quedó cuando te creiste que «esto no debería afectarte«..

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