Arregla tus inseguridades

Hacer las cosas por “miedo a…”, nos está poniendo enfermos. Miedo al abandono, al fracaso, a que se rían de mí, a la crítica, a la pobreza, a la injusticia, a perder, a ganar, a destacar, a morir, a tener un accidente, a que te roben, a no caer bien… la lista es muy larga.

Después de ahondar en el miedo, esto es lo que he averiguado, y que, por cierto, no tiene porque ser verdad:

Si estás vivo y te has educado en esta sociedad, es fácil sentir miedo en muchas situaciones.

Pero no es porque las situaciones den miedo de por sí, ya que tal vez a otra persona no se lo darían, es porque eres un milagro y utilizaste el miedo en tu infancia como indicador de peligro a modo de supervivencia cuando viviste algunas situaciones. Por eso, cuando hoy tienes miedo al abandono, por ejemplo, es porque ya te abandonaron antes, cuando no tenías recursos para gestionar ese abandono y el miedo entro en acción. Y ¿sabes qué? Sobreviviste, aquí estás.

Cuando de adultos nos damos cuenta del miedo que tenemos y como nos limita en las cosas que queremos hacer, nos dedicamos en cuerpo y alma a la misión improbable de “No tener miedo”. Digo improbable, aunque me han entrado ganas de usar el título de la película “misión imposible”. Por supuesto que, no tener miedo, es una magnífica opción, para algún master del universo que ni por asomo se parece a ningún ser humano que yo conozca o haya conocido. Por muy tatuado que vaya o por muy musculoso que esté o por muy serio que se ponga o por muy peligroso que parezca.

Un ser humano puede parece muy fuerte pero es como tú y como yo.

Creo que hay algo que sí podemos hacer y, que además, es la evolución natural de nuestro crecimiento:

Aceptar los miedos:
Para empezar diremos algunas obviedades que el marketing de la felicidad insiste en intentar arrebatarnos:
– Todos los seres humanos nacieron de una madre.
– Todos los seres humanos envejeceremos o nos moriremos, o las dos cosas.
– Todos, o casi todos, los seres  humanos perderán a algún ser querido en su vida.
– Ningún ser humano controla nada.
– Todos los seres humanos tienen algún tipo de miedo.
Cuando digo todos, incluyo a tu cantante favorita, a tu autor preferido, a tu vecino, a tu padre, a tu hermana y a la persona que más odias en el mundo y a la que más admiras.
Por ejemplo, me considero una persona con pocos miedos, solo porque he llegado a aceptar mis grandes miedos de la infancia y llevo ya más de una década dedicada a conocerme , ahora veremos alguna situación, pero si se me cruza alguien en la carretera, freno porque tengo miedo de hacerle daño.
Aceptar los miedos es dejarlos entrar para que se puedan ir. Es como tener una persona, en la puerta de tu casa, que quiere advertirte de algo pero tú no quieres escucharle y no se mueve de allí hasta que no la escuchas. Estás en tu casa (un lugar seguro) esa persona no está dentro pero sabes que está fuera, es como una presencia permanente, y cuando quieres salir, siempre te la encuentras dispuesta a contarte lo que quiere que oigas independientemente de si tú quieres escucharlo. Si le dejas entrar y explicarte lo que quiere, se irá porque habrá cumplido su misión.

La misión del miedo es protegerte:
Sin ser adivina puedo apostar a que en tu infancia tuviste miedo, me refiero a que uno o más de tus espacios vitales para tu crecimiento fueron “lugares peligrosos” donde pasaste mucho miedo.
En mi vida, mi padre bebía alcohol y se transformaba en una persona violenta y agresiva. También tuve mucho miedo en el colegio porque una compañera que me rechazaba si no hacía lo que ella quería. Y más tarde, otro “lugar peligroso” fue mi propio cuerpo, ya que no era el cuerpo que yo, mejor dicho mi mente programada, quería tener.
Conozco personas que han vivido infancias en lugares “muy” peligrosos. Utilizo el adverbio “muy” para indicar que estas cosas que yo viví pueden ser “poco peligrosas” para alguien que ha vivido cosas que se pueden considerar más fuertes, que hay muchas. Pero, queremos entender que, para el niño, no existe la comparación, no puede quitarle valor a lo suyo por algo que no conoce y decir: “Como a María le pegan y a mí solo me gritan, lo mío no es nada”.

No, el niño siente peligro, punto.

Y aprende que no puede sentirse seguro para ser el mismo en los “lugares peligrosos”, y que necesitan el miedo para sobrevivir porque cuando siente miedo reacciona y modifica su comportamiento para estar a salvo.
En mi ejemplo, modifiqué mi comportamiento claramente, y creé una personalidad para estar a salvo:
– No hacer ruido.
– Ser como otras personas quieren que sea.
– Ponerme ropa para disimular mi cuerpo.
Atención, esta modificación del comportamiento sirve para estar a salvo durante un tiempo, mientras hay “peligro”, luego solo sirve para limitarnos.

¿Quién soy?:
Casi sin darme cuenta, mis amigos los miedos habían creado una obra de arte: una mujer preocupada por el qué dirán, calladita y vestida de negro. Mientras me mantuviera así, todo estaría controlado y me acostumbré a vivir con la presencia de mis miedos en la puerta de salida hacia mi misma. Pero la situación no se podía sostener por mucho tiempo, estaba de mal humor, hacía lo que de niña no me gustaba que me hicieran a mi, me estaba poniendo enferma… En momentos de calma se me pasaba por la cabeza la idea de vestirme de otro color que no fuera negro, y al “salir por la puerta”, ahí estaba mi conocido protector, el miedo, dispuesto a decirme cosas sorprendentes para conseguir que volviera al color seguro: ¡Te juzgarán!, ¡ya no tienes edad para ir vestida de rosa!, ¡harás el ridículo!, ¡no te tomarán en serio!, ¡tienes que arréglate un poco!, !así no encontrarás novio¡ etc.

Un día sentí que quería decirle alguien que había conocido hacía muy poco que le quería. Y allí estaba mi amigo miedo protegiéndome de nuevo: ¡¿Estás loca? no puedes decirle a alguien que le quieres de buenas a primeras, se va a reír de ti y además te romperá el corazón!. Ese día, le di las gracias por la protección, y le dije, como si fuera una loca hablando sola en mi cabeza: ¡Pues que lo haga, y ya veré que pasa! y de repente seguí con una emoción nueva para mi: ¡Además mi corazón es mío y hago con él lo que me da la gana. Está en mi interior y nadie lo puede romper, solo yo. Y me parece que sin dejarlo latir fuerte, qué es lo que tú no me has dejado hacer este tiempo y lo entiendo, lo estaba rompiendo de algún modo menos vistoso y más lento pero lo estaba rompiendo igual!

Algo más tarde, parece que estos maravillosos procesos tienen su tiempo, y sentí el valor de atreverme a escribir cosas como la que estás leyendo ahora mismo y cuando el miedo me dice algo, le doy las gracias y se va. Adiós a la sensación de miedo a ser yo misma.

Vivir LOS miedos:
Esto es lo que podemos hacer entonces, dejarlos entrar, vivirlos, que es muy distinto de vivir CON ellos. Siguen habiendo algunos miedos en mi puerta hacia mí misma, es decir, no creo que podamos, ni siquiera que sea bueno para nosotros, deshacernos de ellos, al menos de golpe sin haber entrenado primero. Tampoco que sea necesario vivir CON ellos eternamente, solamente atrevernos a vivirlos, a hacer aquello de lo que ellos nos protegen cuando nos sintamos preparados. Reconocer su misión en nuestra vida y dejar de tener miedo a los miedos.

Eres un milagro:
Quizás la fuente de tanto sufrimiento sea querer cambiar las cosas. Y es por una razón muy simple, las cosas están en constante cambio. Y ni siquiera lo que ocurrió en tu pasado sigue siendo hoy como ocurrió entonces. Porque solo sigue existiendo en tu mente y en la de algunas personas más. Yo escuchaba: “Esto no hay que olvidarlo para que no vuelva pasar.” pero tal vez “sigue pasando porque no lo olvidamos”.
Entonces, lo que hayas vivido, acéptalo y date cuenta de que si estás aquí, es un milagro.
Comprender tus miedos en lugar de seguir en tu fuente de sufrimiento es arreglar tus inseguridades. Porque la misión de tus miedos del pasado ha terminado. Desde ahora, puedes recuperar todo aquello que eras antes de descubrir esos “lugares peligrosas” porque hoy tienes recursos que antes no tenías, hoy ya no tienes seis años, y hoy puede importarte una mierda lo que opinen los demás, y hoy puedes abrir tu corazón, y hoy puedes vestirte como te dé la gana porque hoy estás a salvo con esa persona que puede decidir sobre lo que vive, hoy estás a salvo contigo, con el milagro que eres.

6s comentarios

  1. Gracias por tu reflexión!
    Estoy viviendo un tiempo de grandes cambios en mi vida y el miedo a veces me paraliza, creo que considerar mi vida como un gran milagro me abre puertas insospechadas de oportunidades, un abrazo
    Fedora
    Chile

  2. Que bueno Eva!!, si la verdad es que muchas veces reprimimos el miedo y no nos damos cuenta de que es una de las emociones básicas necesarias y que además tiene un mensaje para nosotros de búsqueda de recursos para enfrentarnos a él. Lástima que aún nuestra sociedad no nos permita ser los seres humanos completos que somos y escuchar abiertamente esa parte biológica de nuestro ser: las emociones.

    Poco a poco lo conseguiremos ;), Un abrazo y gracias Eva!!

  3. Hola Eva, he conseguido vencer mi miedo a conducir tras el accidente que tuve al dejar el coche para el desguace, pero pensaba que había vencido mi miedo a volver a estar enamorada como lo estuve de mi primer amor que lo perdi a los 16 años, pero no es así, sigo teniendo miedo a sentir y por eso no he vuelto a tener pareja. Gracias, me ha ayudado a comprenderlo e intentaré vencer ese miedo, nunca es tarde.

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