La fe la da el conocimiento

¿Qué dirán? ¿Qué voy a hacer? ¿Qué me pongo? ¿Cómo me queda? ¿Cómo voy a pagar las facturas? ¿Les gustaré? ¿Qué hago con mi vida?
La vida no son preguntas, son experiencias.
La vida no es pensar, es lo que ocurre mientras piensas.
La vida no está en futuro, sino en el presente.
Pero estamos distraídas con conceptos absurdos y alienantes de la propia vida. Entretenidas con las novedades, las publicaciones, los me gusta y las vidas de otras personas.
¿Sabes por qué? Porque da un miedo terrible profundizar y el miedo es lo opuesto al amor. Estamos en una trampa.

Nos falta fe porque la hemos confundido. La fe no es creer en lo que alguien considerado «autoridad» ya sea religiosa, espiritual o filosófica te diga, sino es algo que llega con el conocimiento directo, el que deriva de la experiencia.

Los que no saben de acrobacias creen que quienes dan saltos mortales están locos porque no conocen directamente la experiencia. Los saltos se dan cuando estamos preparados.

No podemos vivir plenamente sin conocernos ni aceptarnos plenamente. Para eso queremos dejar de distraernos y sentir. Sentirlo todo, sobre todo lo que duele, desde el dolor que significa la infancia que hemos vivido, hasta el dolor que resulta de las acciones que hemos hecho por estar poseídas por una sociedad con pocos valores humanos y muchos consumistas. Pero no hace falta sufrir, solo profundizar en el sentir para que pueda transformarse todo lo que arrastramos y conectar con la verdad.

“Conoced la Verdad y ella os hará libres” 

Para profundizar queremos ver y escuchar los efectos de nuestra programación. Sentirnos suficientemente vacías para poder llenarnos de nuevo y esta vez con lo que elijamos.

Profundizar es saber dónde estamos ahora y quién somos. Entrar en un estado de rehabilitación dejando que las paredes antiguas se caigan en lugar de intentar sostenerlas a toda costa.

Abandonar la falsa necesidad insana de control que nos consume y nos priva de apreciar lo que tenemos delante de las narices.

Profundizar es aceptar nuestros patrones más originales para verlos claramente y descartarlos porque no son nuestros en realidad, los hemos copiado igual que durante nuestra infancia copiamos el lenguaje que hablaban nuestros adultos.

Profundizar es dejar de cuidarnos solo por fuera porque eso solo mantiene el aspecto de la «máquina» impecable pero no evita que se siga estropeando por la suciedad que quedó incrustada en el mecanismo.

“No es lo que entra por su boca lo que contamina al hombre, sino lo que sale de su boca porque procede del corazón”

Conócete por dentro, mírate en los momentos que no te gustas y quiérete igualmente. Expresa lo que eres sin miedo a que te juzguen, recuerda que cuando alguien te juzga en realidad solo se está juzgando a si mismo. Exterioriza como te sientes, no te escondas, háblalo, escríbelo, dibújalo, tócalo en un instrumento, expresa tu arte. Estarás limpiando tu mecanismo interior, reparando «la máquina», transformándote por mismo placer de la acción y no por el resultado. Mientras lo haces ten paciencia contigo, se amable, hazlo con cariño y mucho respeto, no te distraigas, obsérvate en tus reacciones, en las personas que están en tu vida, en lo que haces, en lo que dices. No hace falta que te pongas objetivos como condiciones para sentirte bien o vivirás en los resultados, en el futuro y eso es otra trampa.

  • Reajusta tu cuerpo tu mente tu espíritu a lo natural, a lo original a lo esencial.
  • Ante un problema, quítate del medio.
  • No intentes contentar a nadie.
  • Deja de buscar pareja eso evidencia que te crees incompleta o incompleto.
  • Siempre estás creciendo, no crecer no es posible.
  • Si sientes miedo encuentra valor.
  • Si crees que te falta algo encuentra confianza.

Y recuerda que la fe la da el conocimiento.

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