Los malos momentos y el silencio

Lo que juzgamos como malos momentos pueden llegar a ser, con el tiempo y el espacio necesarios lo mejor que nos ha ocurrido. Cuando logramos no juzgar lo que ocurre como bueno o malo activamos nuestro modo aprendizaje y crecimiento, un modo muy necesario para nuestro bienestar y el de nuestro entorno.
De un momento considerado malo, podemos aprender a ser más delicados con nuestros actos, a saber que es importante para nosotros, a conocer a las personas que tenemos a nuestro alrededor, a mejorar nuestra calidad de vida, a crecer, a encontrar paz sin condiciones, a saber nuestros valores, a descubrir nuestros recursos y/o a querernos siempre.

¿Qué nos hace falta para hacer eso?
Algo muy sencillo: Silencio.

Nietzsche dijo: “El camino a todas las cosas grandes pasa por el silencio.”

No solo silencio verbal sino sobretodo mental. Apagar el ruido de los pensamientos incesantes que te juzgan cruelmente. ¿Cómo hemos llegado a tratarnos de esta manera? Me pregunto a menudo. Si mi mejor amigo me dijera las cosas que me digo a misma a veces, dejaría de ser amigo mío al instante.

Imagina agua en calma en un bello río, miras y ves el fondo claramente, los peces, las piedras y las plantas. De repente, un movimiento sísmico ocurre y la arena del fondo se remueve de manera que se mezcla con el agua que se enturbia de forma que ya no se puede ver el fondo con claridad. Cuando el movimiento para, la arena volverá a sedimentar. Necesita calma, no más movimiento, para que el agua se vuelva clara de nuevo. Si intentas ver el fondo cuando el agua está movida no lo verás con claridad. Y eso solemos hacemos todo el rato, esforzarnos en ver con claridad cuando todavía no “se ve con claridad”. Cuando el movimiento para es cuando quiere entrar en juego el silencio para dejar de remover el tiempo necesario hasta que se vea el fondo.

¿Qué solemos hacer en nuestros momentos “malos”?
Pues como siempre lo que nos han enseñado. En estas situaciones solemos hacer “la lavadora” o “la alfombra mágica”. O le damos vueltas a los ocurrido sin parar, es impresionante la cantidad de pensamientos por segundo que podemos tener y como somos capaces de barajar decenas de posibilidades de lo ocurrido y otro tanto de probabilidades de lo que puede ocurrir después de lo ocurrido. O levantamos la alfombra y lo metemos todo debajo como si fuera a desaparecer, un conocido y práctico método para cuando quieres hacer ver que “aquí no ha pasado nada” pero sabes que sí ha pasado y que es importante para ti. Cuando la alfombra es mágica y desintegra todo lo que está debajo suyo, magnífico. Seguramente las personas que tienen estás alfombras ya no juzgan lo que les ocurre, pero la mayoría de los mortales como yo, por ejemplo, tienen una alfombra que guarda a buen recaudo todo hasta que la vuelvo a levantar.
Ninguna de estas dos acciones suele sentarnos muy bien y en nuestra vida de conexión con nuestra Grandeza Interior, lo aprendimos viendo como nuestros adultos resolvían, o mejor dicho, no resolvían, sus conflictos, se trata de no seguir haciendo algo que no nos sienta bien y encontrar nuestros propios recursos.

Los malos momentos son oro puro siempre que uses el silencio. Un recurso que tienes siempre, con una gran amiga llamada respiración, hacen muy buen equipo. Estar en silencio, contigo, sin decirte nada, respirando, estando, sintiéndote viva, observando tus patrones que quieren salir, sintiendo el entorno, escuchando los sonidos etc.

En tu siguiente momento malo como una pelea, un conflicto, una discusión, un error, un fracaso, un despiste, una perdida, una mal palabra, un estado de nervios, un desastre,etc. quédate en silencio hasta que puedas volver a ver el fondo con claridad. Y tus malos momentos se convertirán en oportunidades únicas que podrás vivir con el corazón abierto para volver a ver con claridad y entonces actuar con la libertad que da estar en paz.

6s comentarios

  1. El silencio se puede convertir en un maravilloso compañero.
    Creo que algunas personas quizás no sepan estar en silencio, quizás por miedo a tener que escuchar… claro, si no hablas no hay otra: escuchas. Probablemente antes de poder lanzarse al silencio algunas personas necesiten un momento de análisis, aceptación, toma de responsabilidades y un pelín de desapego. Hmmm… mientras escribo pienso si esto lleva a una mejor escucha en el silencio o es a la inversa.
    Yo personalmente cuando me discuto pido “dos minutos para que me centre” y vivo sin tele ni música ambiente; he hecho del silencio algo con inención, una decisión consciene. Aun así (y aun meditando diariamente) la cháchara interna sigue sucediendo. ¿Y si no puedo acceder al silencio interior? quizás ahí es cuando entra en juego la aceptación ¿no?
    Gracias por darle voz al silencio (menuda paradoja)
    Felicidades por tu trabajo,
    Lou

  2. Creo que la aceptación entra en siempre, es más, tal vez si aceptáramos todo lo que vivimos, ni siquiera necesitaríamos utilizar el silencio porque ya estaría ahí….. 😀 😀 😀
    Me gusta la paradoja 😉
    Gracias por tus palabras Lou.
    Un abrazo

  3. Que bueno es el silencio. A mi personalmente, me ayuda a conectar conmigo misma y a escucharme de verdad, desde adentro. La verdad es que hay tanto ruido alrededor que a veces resulta difícil conectarse con el silencio, escucharlo y escucharnos, pero es la única manera que conozco de llegar a nosotros mismos.

    Gracias Eva y Un abrazo!

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