No sé qué hacer. Empatía con la infancia

No sé que hacer cuando soy testigo de la crueldad con la que algunas personas tratan a sus hijos, no me importa si creen tener razones, son niños no hay razón alguna para maltratarlos con violencia. Y sí, gritar es una forma de violencia aunque lo hayamos normalizado tanto que no queramos reconocerlo. Y sino te lo parece cuando tú eres la persona que grita, obsérvate la próxima vez que seas testigo de una escena con gritos y date cuenta de lo que sientes en tu interior.

Hoy, una madre, ha obligado a su hijo de cuatro años a estar sentado en una silla, quieto, mientras ella jugaba a padel con sus amigos, y no sé que hacer.
En seguida me sube un calor que seguramente resuena con las veces que me lo han hecho a mi o a mi hermano pequeño: “Te he dicho que te sientes y pobre de ti que te muevas de ahí hasta que yo te lo diga, ¿te queda claro?”– le grita la madre, desde arriba, a la preciosa criatura que le mira desde abajo con lágrimas en los ojos.

Pero, madre de dios, ¿te has parado a pensar lo que estas haciendo? Seguro que no. Es más, seguro que no te atreves a mirar a los ojos a ese niño asustado, inocente y cruelmente sometido a ir en contra de su propia naturaleza.

No sé que hacer cuando veo esta forma de tratar a los niños– expreso en voz alta con mis compañeras de partido- porque me enfada mucho ver estas situaciones.
¡Pero es que los niños piden mucho o a lo mejor se ha portado mal– dice una de ellas, justificando a la madre- Cuando escucho lo de “portarse mal” me transformo en una ninja defensora de los niños pero me doy cuenta de que estoy en prácticas aún porque a veces no sé qué hacer en el momento….Aquí puedo ofrecerte leer el maravilloso artículo de Rebeca Wild titulado “Si se siente bien no se porta mal”.

Claro y eso justifica el castigo– le digo a la chica- Además ¿tú no pedirías? Hoy es domingo, este niño ha estado cinco días encerrado en un colegio obligado a hacer todo lo que los adultos quieren. Tiene cuatro años y está viendo jugar, sin poder moverse, a su madre con sus amigos, sin poder decir nada. ¿Cómo lo harías tú? Pedir amor todavía no sabe, por la emocionante razón de que aún no es consciente de que no le quieren y cree que eso que le dan es amor, por eso pide patatas o chucherías, para anestesiarse un poco con el azúcar y conseguir un poco de atención. Aunque por lo visto este niño no consigue ni eso. Y portarse mal, ¿qué es eso exactamente? Ah sí, es lo mismo que no pedir, someterse– respondo un poco alterada-

Como te imaginarás, estás palabras pueden impactar bastante, sobre todo porque muchas personas tratan así a sus hijos de forma inconsciente. Hacen lo que les hicieron a ellas porque todavía no se han dado cuenta. Algo bastante curioso, por cierto, ya que sólo el cincuenta por ciento de las personas que conozco se consideran felices y eso es alarmante en un momento y situación en el que tenemos de todo……Una hora y media sentado en una silla viendo como otros juegan bajo la amenaza firme y cruel de la persona que se supone que ha de protegerte y darte atención…¿Cómo se puede ser feliz así?, ¿De verdad seguimos investigando por qué nos ponemos enfermos o por qué nos hacemos adictos o por qué hay tantos accidentes? Nos ponemos enfermos de tristeza, de abandono, de ser tratados con tanta crueldad. Acabamos convencidos de que nuestras necesidades no son importantes.

¡Pero a los niños hay que educarlos!– dice otra de las chicas-
– ¿Educarlos? querrás decir someterlos porque yo aquí no veo educación por ninguna parte, el niño está solo, nadie lo acompaña, nadie le quiere ahora mismo. ¿Educarlo a qué? a que se quede sentado cuando su madre lo dice, ¿para qué? para que la madre pueda llevárselo al padel sin que rechiste…¿Y las necesidades del niño? ¿Quién mira por ellas? No me extraña nada que el niño quiera crecer para poder hacer lo que le dé la gana y luego su madre dirá que su hijo no la respeta con todo lo que ella ha hecho por él, ¿en serio? ¿qué ha hecho? porque no quiero saber qué más hace la mujer.

Y sí, estaba imaginando, porque el resto de convivencia entre ellos, es cierto, que no la he visto. Tal vez tienen una maravillosa relación de respeto y amor. Pero he visto muchas otras donde con la excusa de “educarlo” lo someten, quieren que se porte bien y lo domestican, no le dejan vivir su infancia con la otra excusa de convertirlo en un adulto “de provecho” y eso es muy grave porque ser niño no es algo por lo que pasamos para ser adultos, ¿sabes cómo lo sé? Porque algunas personas sólo viven nueve meses o tres años o veinte o cuarenta. Y en nombre de la educación y de la comodidad olvidamos ese pequeño detalle hasta que ocurre algo. No hace falta que ocurra, no hace falta que ningún niño se ponga enfermo para darle atención, ni ningún adulto…

¡Pero no es tan fácil!– dice la última-
Sí, tienes razón, dejar de jugar al padel para estar con tu hijo no es tan fácil porque corres el riesgo de sentir amor y romperte en mil pedazos por darte cuenta de que todo lo que buscas en tu vida, está sentado en una silla mirándote…….– digo un poco rendida ya-

Utilizo la escritura como forma de expresión porque yo también fui una niña sometida a la “buena educación”, tanto que a veces encuentro excusas para no escribir cosas como estas que dejan ver que a veces no sé qué hacer para no mostrar mi vulnerabilidad pero como puedes comprobar gana la parte “auténtica”. Y es cuando me atrevo a decir “no sé qué hacer” que empiezo a hacer cosas. Y por supuesto que ahora sé qué hacer, después de aceptar mi impotencia del momento y mi frustración que llega de este estado de sometimiento en el que nos resignamos porque de verdad “no podemos hacer nada”. Tú sí puedes hacer algo pero los niños no. Si a mi me obligan a mirar un partido y lo que quiero es hacer otra cosa, puedo elegir, los niños no pueden elegir y por eso son tan delicados….
En realidad, ahora, después de expresar, ya reconozco la cantidad de cosas maravillosas que estamos haciendo muchas personas respeto a la “educación” por ejemplo, yo escribir esto y tú estarlo leyendo. Gracias por hacer de este mundo un lugar mejor.

5s comentarios

  1. Querida Eva. Me emociono al leerte. Hace solo dos semanas dos padres me han gritado a la cara por defender el trato respetuoso hacia sus hijos. Uno de ellos me dijo que nadie tenía derecho a decirle cómo tratar a su hijo. Que yo soy solo una maestra. Fijate, decir”solo” cuando es tanto.
    Claro que tengo derecho, todo el del mundo. El que me da el amor que siento hacia esos niños y hacia una profesión a la que no llegué de casualidad.
    Gracias, porque leerte me reconforta y me sirve de estímulo.

  2. Me entristece lo que cuentas, Eva. Me pongo en situación y… ¡joder! ¡Qué estamos haciendo! Todos los días meto la zarpa un montón, la diferencia es que trato de poner conciencia y me disculpo, cuando he sido violento o me equivoco. Sí, sí, está permitido pedir perdón a los hijos cuando uno se equivoca. No pasa nada mostrar la vulnerabilidad. Es bueno. No tenemos por qué saberlo todo. Y yo no sé nada… Pero en el cole, ¡Dios mío! Al menos en casa lo hablamos todo y…
    Gracias, Eva, por ayudarnos a ser cada día un poco más conscientes.

  3. Quería apuntar algo más. Y solo es mi opinión.
    Ahora está de moda el tema del bullying. Pues todo es contradicción. Aparte de que estamos en lucha constante contra todo, y la vida en lucha no es vida 😉 creo que se trata más bien de observar, poner conciencia y poner foco en la solución, no en el problema. Pero con este sistema educativo de “ordeno y mando, ¡y punto pelota!”, de “copia y pega”, basado en el sometimiento, dejamos a cualquier niñ@ desarmado y desalmado. El guiso está listo para ser zampado…
    Siento decir esto, y sin generalizar, pero me atrevo a decir que el acoso a los niños se cuece ya en la propia casa y en el cole.

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