¿Puedes o no puedes?

La mayor parte del mundo de la autoayuda y el crecimiento personal nos dice: “tú puedes” y lo hace con buena intención o al menos con la intención de que creas en ti y en que puedes hacer todo lo que te propongas.
Hace algunos años, cuando en las librerías no existía sección de autoayuda, la mayoría de personas creíamos “yo soy así y no le puedo hacer nada”. Así que, en mi opinión, hemos evolucionado mucho en este sentido y como cualquier evolución tiene diferentes efectos de todo tipo.

Soy una amante del poder personal, es decir, de encontrar las respuestas en nuestro interior. Creo que cualquier cosa que hagamos respecto a nuestro crecimiento personal, y bueno, respecto a todo, deberíamos sentirlo profundamente y tomar decisiones desde ese sentir, y no desde lo que dice otra persona por muchos libros que venda o por muchas personas que tenga en sus seminarios o incluso por muy feliz que sea. Creo que necesitamos volver a nuestro interior y sentir.
El “tú puedes” es maravilloso para muchas personas, si es tu caso, magnífico. Pero a otras muchas nos ha llevado a sentir una gran frustración por una razón muy sencilla: No siempre que escuchas tú puedes, puedes, ni siempre que escuchas no puedes, no puedes.

Poder es una fuerza que viene del interior, no del exterior.

Cuando los niños comienzan a dar sus primeros pasos, sus padres rápidamente les cogen de la mano para que puedan andar mejor y empiezan a animarlos ¡venga cariño, que tú puedes!, llegan a mentirles sin darse cuenta, les dicen ¡mira mira lo estás haciendo tú solito! cuando en realidad lo tienen agarrado de un brazo que además suelen tener en el aire, es decir, por encima de su cabecita, porque de otra manera el niño no podría aguantar el equilibrio. Es muy fácil, el niño no está preparado para andar todavía, al menos sin la mano del adulto, ¿para qué la hacemos andar? ¿eso nos hace sentir mejor? ¿creemos realmente que le estamos ayudando a que “pueda”? Las consecuencias de este tipo de acciones inconscientes son visibles en breve, la psicomotricidad se ve afectada, y por supuesto el brazo, el hombro, etc. porque hay veces que puedes llegar a ver que el niño queda colgado completamente de un brazo porque en el momento en que cae le sostienen tirando de él. ¿Qué le pasa a ese niño cuando quiere hacer algo solo que solamente puede hacer con un adulto ayudándole? Aquí se ven dos grandes patrones que nos acompañan de adultos:

NECESITO AYUDA…
…para hacer algo antes de estar preparada para hacerlo. ¿No te suena obvio?
Pronto el niño descubrirá que para hacer las cosas que quiere hacer, y que ya ha probado antes de estar preparado para hacerlas porque un adulto ha interferido en su aprendizaje, necesita a otra persona que le ayude. ¿Te suena? es lo mismo que hacemos buscando a otras personas que nos digan lo que tenemos que hacer para estar mejor o para hacer algo para lo que todavía no estamos preparados.

EL PATRÓN “NO PUEDO”
El otro patrón que desarrollamos es frustrarnos cuando queremos hacer solos lo que “podemos” hacer con otra persona. He llegado a ver un niño que no abre regalos porque las primeras veces que abrió uno, en lugar de dejarle su tiempo para experimentar y descubrir como se abre un paquete, un adulto lo “ayudó” a hacerlo. En un parque el otro día, un padre empujaba a su hija de dos años para que pudiera subir por una cuesta mientras le decía: ¡Venga que los estás haciendo tú solita, muy bien!, lo que además de las consecuencias de que tu propio padre te mienta, que las conozco muy bien, cuando quiso hacerlo sola, sin la mano del padre, no pudo hacerlo…en ese momento, en que su cuerpo y su mente todavía no están preparados. Por cierto, decir ese ¡¡muy bien!! que tanto se dice, ayuda a que los niños dejen de hacer las cosas por el propio gusto de hacerlas y las hagan por la validación y recompensa que reciben de sus padres. Te recomiendo un maravilloso articulo de Alfie Kohn: “Cinco razones para dejar de decir ¡Muy bien!” 

SI QUE PUEDES
Está claro, o al menos para mi lo está, que pueda o no, se trata de disfrutar de todos los procesos que vivimos y de rodearnos de personas que nos acompañen de forma respetuosa.
Podemos estar en paz con nuestros “no puedo” y percibirlos como “no estoy preparad@”.
Podemos poner más conciencia en como interactuamos con los más pequeños para que de adultos no crean que “no pueden” (en modo frustración) o no se vuelvan adictos a la ayuda externa. Si le procuramos al niño un espacio seguro para poder desarrollarse y le permitimos aprender a su propio ritmo, sin interferir ni físicamente, agarrándolo del brazo, ni emocionalmente, diciéndole que ya debería caminar porque todos los niños de su edad ya caminan, estaremos contribuyendo a su crecimiento y desarrollo de forma amorosa y respetuosa.
Podemos mirar en nuestro interior. Es muy sencillo, si sientes que no puedes, acéptalo y recuerda que no se trata de forzarte para poder sino de entender que no estás preparad@ todavía.
El niño de nuestro ejemplo que todavía no anda, ¿puede correr? si claro, ¿ahora? no, porque todavía no anda, ¿qué le falta? estar preparado para correr.
Igual ocurre con nosotros:

– ¿Puedo hacer esto?
– Si
– ¿Ahora?
– No porque si no, lo estaría haciendo.
– ¿Qué me falta?
– Estar preparada.

4s comentarios

  1. Muy cierto Eva, muchas veces ni siquiera nos permitimos “no poder”, en un determinado momento de nuestras vidas y es muy sano, darnos ese espacio personal para pedir ayuda o simplemente para no saber hacer algo de momento y no castigarnos por ello.
    No hace falta saber hacerlo todo de golpe, también hay que disfrutar del viaje ;).
    Gracias por compartir y un abrazo!

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