Que viene el COCO

Esta mañana me dispuse a ir a comprar, en mi opinión, los mejores cruasanes de Barcelona, que están en una panadería de la avenida Gaudí. Concienciada de que el panorama de nuestro mundo está un poco alterado por lo que está sucediendo desde hace algunos meses, salgo a la calle con la ilusión de poder transmitir todo el amor que pueda a todas las personas y situaciones que me encuentre.

Para mi es surrealista, el mundo inundado de confusión infundida, seres magníficos y poderosos como los humanos parcialmente controlados por una información nublada de conjeturas y sin pruebas fehacientes, solo suposiciones y números envueltos de palabras técnicas que no podemos comprender si tenemos miedo.

De alguna manera es como si nos hubiera caído algo muy grande sin esperarlo, sin espacio para investigarlo, sin libertad para experimentarlo y con una sola orden, obedecer. Eso tan grande, está dejando al descubierto nuestros enormes traumas infantiles y su consecuente efecto en nuestra inmadurez, la falta de responsabilidad, de seguridad, de confianza, de amor y de poder personal.

Nuestra Naturaleza

En algún momento de la historia olvidamos nuestra naturaleza. Tal vez es momento de recuperarla y de volver a conectar con las leyes del universo en el que vivimos. Tal vez en el olvido quedó la libertad. Quizá olvidamos por miedo.

Reconozco que es fácil responsabilizar a la élite, las personas que nos controlan con sus industrias desde hace mucho tiempo, de lo que ocurre en el mundo. Y lo que «ocurre en el mundo» lo creamos nosotr@s, bien sea desde nuestra naturaleza o desde nuestra obediencia. Así que desde esa responsabilidad, si queremos culpar a alguien que sea al coco.

Traumas Infantiles

El coco es un monstruo imaginario que se creó para controlarnos en el infancia. Su mecanismo es bien sencillo: crearon una amenaza, en este caso un monstruo que se comía a los niños y a las niñas, lo relacionaron con una acción que querían obtener de los infantes: dormir, y lo asociaron inteligentemente: el coco vendrá si no te duermes. Brillante, ¿Verdad?

Bueno, como poco, debido al impacto que tienen nuestras experiencias infantiles en el resto de nuestra vida si no les ponemos luz, no te debería de extrañar que pasemos el resto de nuestros días temiendo amenazas imaginarias creadas por personas a las que les hemos dado el poder de nuestra protección, y que actuemos forma infantil, es decir, haciendo lo que dicen que hay que hacer para que no venga el coco. Debido a nuestra naturaleza, este sencillo y poderoso mecanismo de control, solo funciona si todavía está activado en tu sistema.

Nuestros traumas infantiles llevan nuestra vida si no les ponemos conciencia

Hay un detalle realmente importante en el coco y es que, tarde o temprano siempre te duermes, es natural, y por tanto, el coco nunca vino a comerte, y tú asociaste este resultado a que los adultos te protegieron con su conocimiento. ¿Entiendes por qué obedecemos? Porque al no haber superado esos traumas, como el coco hay muchos, seguimos poniendo nuestra seguridad en manos de «mama y papa», bueno, en nuestra versión de ciudadanos sería más acertado decir en manos de papa, porque es «papa estado» quien nos «protege».

Tal vez si fuéramos libres, haríamos exactamente las mismas cosas, y no sería por obedecer sino por sentido común.

Choca esos cinco

Siguiendo con mi hazaña de esta mañana, conseguí llegar a mi destino con relativa normalidad y enviado energía a toda personas «con miedo al coco» que veía.

En la puerta de la panadería un hombre de unos ochenta años esperaba como buen ciudadano su turno a fuera, ya que el establecimiento tenía un A4 impreso en una impresora casera con una información que decía: «máximo 2 personas».

El hombre, que podía ser mi padre perfectamente, llevaba una mascarilla y unos guantes de esos que te dan ahora para comprar, y que a mi me dan una sensación extraña como de «choca esos cinco» porque todo el mundo sabe que son anti bacterianos, es ironía…

El hombre tenía una gran dificultad en hacer las cosas básicas, como abrir su monedero y sacar sus monedas. Puedes imaginar que entre que no podía ver muy bien por su mascarilla y los malditos guantes resbaladizos cualquier intento de sostener algo era una hazaña heroica. En fin, consigue entrar en la tienda y se le cae la bolsa que llevaba, un chico que estaba allí hace el gesto de ayudarle y el hombre le grita que no lo haga mirándolo desconfiado como si fuera el enemigo que quiere contagiarle, el chico delicadamente acepta la situación y sale de la panadería con una media sonrisa de indignación que se puede adivinar por el gesto en sus hombros y en sus mejillas, ya que, como no, tiene su boca tapada. Nuestras miradas se cruzan en un gesto de reconocimiento mutuo y a la vez de resignación antes la imposibilidad de ejercer las acciones que surgen del corazón esencialmente humanas como la ayuda a los demás.

Entro en ese lugar, que solía frecuentar en mis días de ficticia libertad, y allí estamos el hombre y yo. Reconozco que la situación consigue adueñarse de mi y olvido mi intención inicial de enviar energía para poder manejar mis emociones y ya estoy sumida en mis pensamientos.

El hombre tiene verdaderos problemas para llevar a cabo su acción de comprar el pan sobretodo porque la tienda tiene una de esas máquinas para cobrar automáticas donde metes el dinero para pagar tu compra. ¿Te lo imaginas? Manejarse con los guantes que te están salvando la vida y que a la vez te limitan la fluidez de tus actos más esenciales. Se le caen las monedas y claramente no quiere que nadie se las recoja, aunque, no puede recogerlas con facilidad y está un buen rato. Faltan nueve céntimos en la máquina para pagar y yo los pago por él, el hombre me da las gracias pero me dice que no, sin embargo mi moneda ya cayó en la sofisticada maquinaria antifraude del personal. El hombre, ya sudando debajo de su mascarilla, consigue devolverme la moneda que me entrega con sus guantes salvadores. El dueño del lugar, que como la mayoría, se ha visto afectado por las medidas decididas por los «adultos» que nos protegen del coco, le dice: «Señor, quizá puede lavarse las manos en lugar de usar esos guantes así se protege igual». El hombre no dice nada y sale a toda prisa del lugar olvidando su pan. ¡Señor, el pan! grita el dueño, y nuestro héroe en esencia vuelve a entrar como una bestia asustada para recoger su compra.

La conciencia de nuestras palabras, pensamientos y acciones tiene la información necesaria para transformar nuestros patrones limitantes

Yo estaba medio petrificada y a la vez gestionando mi compra de cruasanes con otra dependienta y comentamos la jugada con el dueño con palabras vacías y pesadas sobre la situación en general. Cuando salía por la puerta el dueño me dice en un tono amable y delicado: «Gracias por venir aquí a comprar», las palabras hacen eco en mi mente ¿Gracias por venir?,y me devuelven como de una patada a mi intención original antes de salir de casa y que se había esfumado hacía rato.

Monstruos controladores

Está claro, el hombre le teme al «coco». No existe ninguna información suficientemente consistente, ni clara, ni demostrada, ni siquiera razonada, para ponerse a voluntad bajo las ordenes de personas que son igual que tú con la diferencia de que manejan las bombas atómicas y las guerras, por cierto, a ellas no les hacen propaganda para que las temamos sino que las veamos como medios necesarios de protección contra el «enemigo»¿?

El propósito de los medios masivos… no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino más bien dar forma a la opinión pública de acuerdo a las agendas del poder corporativo dominante.

Noam CHOMSKY

En realidad, no sabemos si el coco realmente existe o no, nadie lo ha visto, lo que sí sabemos es que existía en nuestras mentes en la infancia y ha provocado un trauma grave. Si profundizas en él verás claramente las similitudes con todas las situaciones de control a través del miedo. Y también podrás detectar a los creyentes y guardianes de los creadores del coco, esas personas que te dicen que lo haces mal si no obedeces.

¿Qué había que hacer para que el coco no viniese? Dormirse. Esa acción nos dejaba fuera del peligro funcional del coco y encerraba otros creados por la situación. Saber que si no duermes, algo que no puedes forzar de ninguna manera, porque la conciliación del sueño es algo natural, va a provocar que desaparezcas del mundo engullido por un monstruo ¿te va a ayudar a dormir? Por supuesto que no, solo consigue que tengas más miedo y encima que te sientas culpable porque no puedes hacer algo para evitar una gran amenaza. Así que tu acción se reduce a taparte con la sábana rezando para que el coco crea que estás durmiendo mientras sufres todavía más al escuchar tu propia respiración faltándote el aire. ¿Te recuerda a algo?

Conclusión

Por las dudas que puedan generar las mentes programadas para obedecer, no estoy juzgando lo que está bien o lo que está mal, eso no lo sabe casi nadie en este contexto. Lo que estoy haciendo es tratar de poner luz a los patrones infantiles que nos mantienen controlados usando el miedo para obligarnos a hacer ciertas cosas. Y de paso si alguien sigue usando esa aberración de «el coco» que deje de hacerlo y encuentre maneras más respetuosas de relacionarse con sus hijos e hijas que no generen traumas.

Tampoco pretendo solucionar nada sino despejar un camino que está lleno de alucinaciones peligrosas para el bienestar y la plenitud de la vida. La muerte forma parte de la vida, la enfermedad forma parte de la curación. Si enfermamos es porque nuestro sistema lo necesita para curarse, si vivimos la enfermedad, nuestro cuerpo restablecerá su equilibrio y armonía. Si nos drogamos para mantenernos con vida, cosa que dudo personalmente que podamos hacer, estaremos sobreviviendo con una dependencia que convierte nuestra existencia en una pesadilla y nuestra enfermedad en crónica, ya que el origen, el trauma sigue ahí permanentemente esperando a ser conciliado con conciencia.

A lo mejor sí viene el coco, nunca lo sabremos a priori, y a mi me pillará ayudando a un hombre que se le caen las monedas, bailando o abrazando a mis seres queridos porque he aprendido que no puedo controlar nada por mucho que lo intente, solo puedo disfrutar de lo que es.

El centésimo humano

Cada vez somos más las personas que hemos descubierto que el coco es una forma de manipulación, lo hemos visto y lo hemos entendido, hemos perdonado a quienes lo utilizaron por su presunción de inconsciencia y el hechizo se ha roto, ya no tiene efecto ni es la causa de nada.

Estas personas convivimos con otras personas todavía hechizadas con el deseo de que descubran la verdad de si mismas. Queremos que descubran que nadie va a venir a comerles si no hacen lo que otros dicen y que el miedo solo les mantiene con una sábana por encima de la cabeza.

La fina sábana, no te evita del ataque del coco, solo te aísla del magnífico mundo que hay ahí fuera. Un mundo con la inmunología que necesitas para disfrutarlo en el equilibrio y la armonía perfecta propia de algo divino.

Ese gran detalle de que el coco siempre se va porque nos dormimos, no porque no exista en realidad, quiere abrirnos los ojos para dejar de adorar a falsos dioses porque no están salvando la vida, la están corrompiendo para su bienestar. Igual que los padres conseguían descansar si tú te dormías.

El miedo es el gran veneno para el que te ofrecen un antídoto muy caro que pedirás si no ves la verdad del coco

Por cierto, ayer un mail de una mujer. Su madre estaba ingresada en el hospital y no la dejaban visitarla. La madre tiene noventa y dos años y se sentía muy triste por esta sola. Nadie sabe el peligro «real» de un virus que no conocemos, todas las personas sabemos que existe un peligro real en situaciones como estas: que la vida pierda su sentido…

Esto terminará, no sabemos si extinguiendo a la humanidad por el virus, el miedo, la vacuna o la invasión alienígena o si elevando la conciencia con el efecto de centésimo humano, lo que está claro que todo sucede por alguna razón y esta podría ser para deshacernos del coco y compañía para siempre, y vivir, el tiempo que sea, en armonía, paz y amor. Así que si eres de l@s que estás abriendo el corazón a su humanidad gracias por estar ahí.

31 comentarios

  1. Gracias a ti Eva. Da gusto leer a personas que nos recuerdan que no estamos solos en nuestra visión despegada de los mantras oficiales.

  2. Es complicado salir al mundo en esta temporada de pandemia y sentirse libre , decirle a los que amamos que somos más que esta situación . Pero leerte es esperanzador. Gracias.

  3. Pues, me pasó algo similar el sábado pasado…
    Espero en la cola para entrar en la panadería. Cruza un hombre la calle y se la caen las llaves al suelo. Desconcertado viendo el objeto metálico que reluce sobre la baldosa gris, pues no estoy seguro a quién se le han caído las llaves, cruzo una mirada con el señor que está detrás de mí y en sus asustadizos ojos que asoman por encima de la mascarilla adivino que las llaves no son suyas y me indica negando con la cabeza (el coco jaja) que no lo haga. Evidentemente no me lo pienso dos veces. Me agacho, recojo las llaves, abandono la fila, corro tras el hombre que perdió sus llaves que continúa su paseo tan campante, pero lleva los cascos puestos y no oye mi «¡señor, señor, perdone!». Como no se percata de que le estoy llamando, ¡oh, incauto de mí!, le toco ligeramente el brazo. Consigo que me atienda, le digo «creo que son suyas», las reconoce y sorprendido me da las gracias.
    Después uno se da cuenta de su imprudencia poniendo en peligro a toda la humanidad y podría ser encarcelado… «Cuál es su alegación». «Si yo solo le toqué el hombro al hombre… Cierto, señoría, no llevaba ni guantes ni mascarilla… Soy adicto a deleitarme con la sensualidad de mis sentidos y de respirar a pleno pulmón aire puro…».
    Vuelvo a la fila, dirijo una mirada misericorde al señor que me indicó que no cogiera las llaves y le digo sonriendo que no pasa nada… Me responde con gesto resignado.
    Cuántas imprudencias en menos de media hora: coger un objeto del suelo sin guantes, tocar a un desconocido, o no tanto… Pero mi familia desayunaría con tostadas. Mañana llevaré cruasanes acordándome de ti 😉
    Un abrazo bien dado, querida Eva.

  4. Mil gracias Eva por ponerlo en palabras. Tus escritos siempre son claros y fáciles y muy bienvenidos entre la oscuridad y dificultad En que se manifiesta el Coco

  5. Gracias Eva. En esta situación mas que nunca necesitamos un foco de luz que nos ayude a mantenernos fuertes ante esa marea de preocupación tan potente que amenaza con arrastrarnos hacia la desesperanza. Un abrazo grande

  6. Jo aquí Zipi, amb el meu coco de costat, desarmat i sense poders » còmplices» i amics x si en algun moment de debilidat hem de tirar d’emeroteca per reforçarme.
    Un petó henorme. Q t’estimo Eviki

  7. Hola Eva. Personalmente creo que gran parte de la humanidad eligió el miedo pero lo hizo por ese patrón que llevamos en nuestra mente, en especial miedo a la muerte, entonces me pregunto, qué hubiera pasado en estas mismas circunstancias si en vez de miedo a la muerte adoptaramos la creencia de que somos eternos? Tal vez el virus estaria aqui pero nuestra visión acerca del mismo seria diferente, es decir no seria una «amenaza». Y no hablo de una negación sino de un cambio en la forma de ver la vida. Durante mucho tiempo he vivido adoptando ese miedo a la muerte y me «adapté» comodamente a las limitaciones que esto me generaba pero cuando conecté con la idea de que en la muerte el cuerpo queda ahi pero hay algo que continua y ese algo en realidad somos nosotros, nuestra verdadera esencia, pude experimentar la vida de otra manera, y experimenté también lo magnífico que es soltar esa atadura que genera el miedo, pero al mismo tiempo pienso que si no lo hubiera experimentado con tanta intensidad tal vez nunca me hubiera hecho consciente del mismo. Asi como mencionas que nos han enseñado a temer al coco creo que también nos han enseñado a creer que somos seres limitados y talvez hoy la humanidad deba pasar por esto con tanto impacto para cambiar esas creencias limitantes que hoy la inmoviliza

  8. Gratitud infinita Eva, porque leerte me da aun mas fortaleza y conviccion en saber que aunque hago parte de las minorias que no se dejan manipular por los medios de comunicacion, no hay poder mas grande que el Amor y todo lo que se desprende de el como la compasion, la bondad, etc.
    Un abrazo desde Colombia.

  9. Hola Eva! Creo que fue en el 2013 cuando hice el primer curso de psych-k contigo en Barcelona, y después el segundo tal vez al año siguiente. No suelo usar las redes sociales así que no te he podido decir nada sobre tus posts de facebook, que tanto me están ayudando en esta época tan surrealista que estamos viviendo. Felíz de ver todo lo que reflejas en estos posts sobre lo que hay de verdad tras esta supuesta pandemia. Me he sentido sola en esto, no tengo gente cercana con quien compartir lo que siento desde que comenzó todo a mediados de Marzo, viendo que habían muchas cosas que no tenían ningún sentido. Y encontrándome con que todos a mi alrededor, familia y amigos, incluso mi pareja, parecían creerse todo lo que les estaban diciendo. Hubieron discusiones con mi novio, con el que vivo en un piso diminuto de una habitación, para poder salir a la calle puesto que él estaba aterrorizado de que cogiera el supuesto virus que a mi parecer o se han inventado, o si es real, es mucho más inofensivo de lo que nos han vendido, tal y como afirman ya montones de médicos y científicos mundialmente, a los que se censura sistemáticamente (por cierto, gracias por el video del biólogo catalán de hoy). En mi aislamiento estuve buscando y encontrando a mucha gente en el mundo a través de internet que veían lo mismo que yo, y aquí en Barcelona tu blog y después tu página de fb han sido algunos de los refugios que he podido encontrar. A mí lo que ya me parece barbaridad máxima es esta obligación de ir con mascarilla, la nueva ley que nos imponen, sin preguntarnos. No me puedo creer que esto esté pasando y que la gente a mi alrededor esté poniéndose la mascarilla para pasear por la calle como si nada, como
    autómatas, sin cuestionar la validez de hacer esto. Bueno, esque para todo es un absurdo, ir en bus o metro, es un despropósito, una violacíón de mi derecho a la salud, a poder respirar libremente, y por supuesto un símbolo buen claro de represión de libertad de expresión y de sumisión. Me está afectando mucho esto la verdad, me siento tan indignada, hasta ahora yo salía a la calle sin la estúpida mascarilla, y últimamente ya tuve que acceder a ponerme una para poder entrar a hacer la compra a la tienda o coger el bus, situación tan surrealista y absurda que no tengo palabras. Mi rabia interior se enciende, la indignación me llena el cuerpo, las ganas de gritar a todo pulmón qué estais haciendo, esque no lo véis, esque no podéis ver lo que nos están haciendo? Pero ahora con lo de que a partir de mañana ya te ponen una multa si no llevas el bozal, como si fuéramos perros rabiosos… Yo no voy a ir con bozal por la calle, pero por otro lado no me puedo permitir pagar una multa cada dia. Sí, mantener los dos metros de distancia con la gente se puede hacer, pero no siempre… que locura. Me gustaría saber como enfocas tú esta absurda situación. Gracias Eva, te envio un abrazo muy grande.

  10. Mi querida Raquel,
    Gracias por tus palabras.
    Me alegra que te sientas acompañada en tu camino.
    Es un momento muy delicado para la humanidad a nivel mundial y a la vez muy importante porque se están viendo todas las cadenas que ya nos ataban antes, llevamos mucho tiempo siendo manipuladas para poder controlarnos con facilidad, no es nuevo solo que ahora se ve más porque nos distraen con mucho miedo y muchas personas están actuando desde ese miedo.
    Creo que la rabia que describes es muy importante para que puedas tener el valor de hacer lo que de corazón quieres hacer sin miedo a nada.
    Muchas veces pienso en las personas que han vivido situaciones como la esclavitud “legalizada”, donde no los multaban sino los azotaban hasta la muerte y aún así luchaban por su libertad. Creo que todas tenemos una fuerza interior, quizá comience con esa rabia, para vivir dignamente y la valentía de vivir como queremos pasa por saber de verdad quien somos y perder el miedo: Eres una ser poderosa y consciente 😀
    El hecho de no llevar bozal no tiene porque generarte una “multa cada día” como dices, quizá puedes utilizar la situación para generar confianza y seguridad en ti misma, pues haces lo que sientes, y eso genera que la naturaleza/creación/universo esté contigo. Puedes entrenarte para no poner tu atención en atraer “las multas” y ponerla en sentirte “protegida”. Conectar con la vida a cada paso sintiendo que tienes todos los recursos para vivir lo que necesites vivir como modo de quitarte el miedo y descubrir quien eres.
    Así «enfoco yo esta absurda situación» y lo he hecho durante todo este tiempo y te aseguro que he hecho muchas cosas que sentía que tenía el derecho de hacer, aunque las hayan considerado “ilegales», y me han ocurrido muchas cosas que se considerarían “suerte” por muchas personas y yo tengo claro que esta actitud de soberanía, protección y seguridad en mi y en la vida ha sido la causa.

    Espero que te sirva.
    Aquí estoy para lo que necesites.
    Dime si recibes el mensaje porfi 🙂

    Un abrazo y mucha luz para tu camino.

  11. Qué preocupada que estaba ayer cuando te escribí Eva. Y qué bien que estoy hoy. He puesto en práctica tu consejo y he tenido un día fantástico, en el que me he encontrado con multitud de gente sin mascarilla, respirando la vida y sonriendo.

    Gracias mil por tu respuesta, gracias de todo corazón.

    En cuanto al cruasán de la avenida Gaudí, por favor, dime cual es el nombre de la panadería! 😀

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