Relaciones que Suman

Es toda una sorpresa cada vez que llega un mensaje que dice: «esto no lo puedo hablar con nadie más por eso te escribo».
Si las personas que tienes a tu alrededor son personas a las que no les puedes decir lo que quieras sin que te estén juzgando y diciendo lo que tienes que hacer, quizá este es un buen momento para replantearse un pequeño reajuste en tu entorno. Sí, puede ser «pequeño», aunque no te lo parezca, puedes empezar a seleccionar con quien pasas tiempo o a quién le cuentas tus cosas. Es muy útil si estás haciendo cambios que van en contra de lo que vive la «mayoría», es decir, quieres dejar el trabajo, cambiar de lugar de residencia, iniciar un proyecto, etc. Son momentos en los que claramente nuestra vibración está cambiando y notamos más las diferencias. Es algo así como las relaciones que teníamos en la infancia cuando nos portamos bien o cuando hacíamos lo que queríamos hacer, con la diferencia que ya somos personas adultas.

Fácil guía de descubrimiento de relaciones que no suman:

– Cuando la relación lleva mucho tiempo y solo está amparada por esa antigüedad, estilo «nos conocemos desde pequeñas» o «es mi familia». Es una condición cultural sobrevalorada.

– Las personas que quieren que cambies diciéndote que tendrías que hacer algo que ellas dicen.

– Cuando los consejos están basados en sus miedos.

– Cuando no escuchan, les cuentas algo y solamente hablan de ellas.

– Cuando te cortan mientras estás explicando algo (es muy común, lo verás si empiezas a fijarte).

– Personas que parecen saberlo todo y te predicen el futuro que les da la gana sin que tu les preguntes, «si haces esto te vas a quedar sola, en la calle, pobre etc.» recuerda que si tuvieran una bola de cristal la estarían utilizando para ellas.

– Personas que cuando necesitas tu tiempo te preguntan si te has enfadado con ellas o si ya no las quieres.

Un par de soluciones prácticas:

– Separarte de esa persona.
Hay veces que sabemos de corazón que queremos terminar con una relación, sea de amistad o familiar o íntima. Lo tenemos clarísimo pero una serie de condicionamientos o creencias no nos permiten hacerlo. Queremos darnos cuenta que la mayoría de los condicionamientos en las relaciones son culturales, por ejemplo, nos han domesticado para comer la familia y a lo mejor no queremos hacerlo. De hecho a mi personalmente me parece una locura insana el formato trabajar de lunes a viernes y los domingos a comer con la familia. Seguramente a alguien le encantará y de eso se trata, de saber de corazón si queremos tener este tipo de relaciones o no.
Separarse puede ser traumático según en el nivel de apego de las personas que integran la relación. A veces, lo es tanto que una buena opción es el conocido «cortar por la sano» y nunca mejor dicho.
Esto puede hacerse con amor y respeto, deberíamos poder comunicarnos de esta manera con todas las personas y expresarles nuestras necesidades sin que las personas se lo tomen personal ose sientan ofendidas, una vez más, si eso ocurre, es una evidencia de la relación que mantenías a costa de salud.

– Poner límites en tus relaciones.
Nuestra domesticación va en contra de este concepto. Solemos aguantar relaciones aún sabiendo que no las queremos tener.
El miedo protege el divino acto de poner límites. Pensamos, «si le digo lo que pienso se va a enfadar o me va a abandonar», es un pensamiento claramente infantil, me refiero a que proviene de nuestra infancia, y lícito porque gracias a el pudimos sobrevivir. Hoy nos limita mucho.
Si alguien a quién le decimos lo que queremos decirle se enfada o nos abandona, que se enfade y nos abandone. Ya sé que suena fácil leído y al llevarlo a la práctica es diferente, igualmente, que se enfade y nos abandone. Primero porque eso es lo creemos, a lo mejor no lo hace y segundo porque va a ser un alivio vivir la vida sin esa persona. Podemos pasar el duelo de haber estado tanto tiempo (suelen ser familiares o personas muy cercanas y antiguas) poniendo nuestra energía en gustarle a esa persona por miedo a su actuación y por tanto maltratándonos.
Sentirnos mal en nuestras relaciones es el efecto de pasar por encima nuestras necesidades para mantenerlas a toda costa por miedo a perderlas.
Tener miedo a perder una relación es no tener una relación sana, ni amorosa, no suma, sino que está condicionada y puede ser tóxica para tu cuerpo, mente y espíritu.
Seguir manteniendo relaciones sin poner límites sobre todo cuando nos sentimos muy vulnerables se puede volver destructivo. Tienes heridas y en lugar de darte espacio y cariño para que se curen, vas a la cueva del lobo y sales hehca un trapo. Si necesitas curar heridas puedes decirle a esa persona: «Te quiero y me seguiré relacionando contigo siempre que no me digas lo que tengo que hacer ni juzgues lo que hago, necesito acompañamiento eso es todo.»

Las relaciones que suman no las puedes perder de ninguna manera, ni siquiera si pones límites o las terminas hoy, porque existe un hilo mágico irrompible que las conecta…

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