Romperse en pedazos

Cuando la vida va como tú esperas, todo va bien, es fácil, puedes sonreír y disfrutar, es magnífico.
Cuando las cosas no salen como tú esperas que salgan, empieza el reto. Un reto en realidad divino porque te dejará ver qué crees sobre ti. Por eso son tan valiosos los momentos comúnmente llamados “difíciles” porque deshacen la coraza que nos hemos construido para sobrevivir, una coraza que nos pesa en todo momento pero que solo nos damos cuenta cuando “algo que no esperábamos” ocurre porque es el momento en que nos sentimos vulnerables.

Pocas personas saben disfrutar de sentirse vulnerables. Yo huí de mi vulnerabilidad durante años pero hasta que no me decidí a sentirla profundamente, no me encontré a mi misma.
Nos dijeron que ser vulnerable es ser débil y que para la persona débil no hay nada en esta sociedad consumista, superficial y competitiva, por eso reaccionamos, cuando algo no sale como queremos, gritamos, insultamos, nos deprimimos, culpamos y castigamos. Nuestra vulnerabilidad está encarcelada tras barrotes de una especie de violencia que nos separan de lo mejor que tenemos: nosotros mismos.

Cada vez que un niño escucha “no vales para nada”, “eres un pesado”, “te portas mal”, “con ese carácter nadie te va a querer” y otras afirmaciones amenazantes, que se usan sin conciencia con la intención de que ese niño haga lo que el adulto quiere, se hace una grieta en su delicada personalidad. Aunque las primeras veces llora, como expresión de su vulnerabilidad para recibir amor, viendo que no le comprenden, empieza a “gritar” sus necesidades para que le atiendan y, si no lo hacen, no tardará mucho en tirar cosas, insultar, pegar etc. Son formas de ataque que lanza porque ya está demasiado sometido, se siente muy incomprendido y muy solo, está ya tan herido que no encuentra otra forma de expresarse.
Lo veo como un jarrón precioso que se está creando con sus bellas formas únicas y en el que se hacen pequeñas o grandes fisuras cada vez que no se lo trata con el cuidado que necesita. Algunas veces llega a romperse en pedazos. Con tanto castigo acabamos creyéndonos que somos lo que nos dicen que somos y creamos una personalidad rígida y distorsionada que da lugar a demasiada infelicidad e insatisfacción.

Yo tenía tantas grietas en mi jarrón que fui de las que me rompí en pedazos. Me creí que era antisocial, impaciente, fea, inútil, nadie, un fracaso, borde, que no me iban a querer y que no se me podía decir nada. Por eso que mi jarrón se “rompiera en pedazos” fue lo mejor que me pudo pasar aunque en aquellos momentos, te aseguro que no me lo parecía.

Desde el día que empecé a cuestionarmelo todo, me di cuenta de que yo no era todo aquello que creía de mi y empecé un camino hacia mi misma que dura hasta hoy. Los primeros años me dediqué a examinar “el jarrón”, después a “pegar los trozos rotos”. Conseguí, gracias a “pegar los trozos”, la mayor parte del tiempo, sentirme en paz, pero no tardé mucho en ver que por muy bien pegado que estuviera, seguía con esas marcas y en los momentos “difíciles” aparecía otra vez la información que me habían dado: eres un fracaso, es decir, seguía atacándome porque ahí seguían las heridas “pegadas”. ¿Cómo puede ser? -me preguntaba- Tantos años de crecimiento personal, de libros, de cursos, de talleres y todavía, si algo va tan mal que no lo puedo controlar, me sale llamarme inútil y fracasada…..En realidad, creí haber conseguido mucho cambio porque pude pegar muchos trozos, la autoestima, el valor, el respeto, el amor, el equilibrio, todo bien pegadito pero hacerlo me llevó a estar demasiado tiempo en aquello que no me hacía sentir bien y por supuesto que requería demasiado esfuerzo mantenerlo así, es decir, era poco natural porque en realidad no controlamos nada y tratar de hacerlo es lo que nos agota y agrieta…..

Entonces, después de darme cuenta que en algunos momentos concretos seguía atacando, me entrené para no atacar, una forma de reprimirme, y fue muy interesante porque la vida en lucha no es vida y seguía despertándose la fiera de vez en cuando, la misma que se defendía de las primeras faltas de respeto tirando cosas. Pero cada vez me agotaba más y un día decidí rendirme, ahí me vi de verdad…..sola, abandonada y desprotegida. Una sensación que ya estaba preparada para sentir de nuevo: la vulnerabilidad, esta vez con suficientes recursos para perdonarme.

Entender que solo atacamos porque estamos heridos, porque no queremos sentirnos solos, abandonados y desprotegidos fue una revelación que me ayudó, sobretodo, para entender las reacciones otras personas.
Sigo sin saber con certeza de donde venimos, ni tampoco a donde vamos, sí sé que la mayoría estamos muy heridos, que nos falta amor, seguridad en nosotros mismos, confianza y fe.

Demasiadas veces, para sentirnos bien cuando las cosas no salen como queremos, intentamos reparar el exterior, hacemos lo correcto, lo que nos dicen, lo que anuncian y hasta lo que mandan solo para darnos cuenta que nos sentimos igual en poco tiempo: un fraude. Los momentos intimos son testigos de ese maltrado destructivo que asoma cuando desaparece el ruido y las cosas no van como esperamos. Ese es el espacio de la transformación, de la creación, del amor.
Por eso seguir adelante con las heridas, aunque hollywood lo sigue elogiado demasiado, es bastante agotador y deseperante, solamente en las películas aguantan el dolor y es porque no sufren, porque están rodando…

No sirve de nada sufrir, nos dicen, yo lo digo mucho y aunque estoy de acuerdo, creo que faltan algunos detalles en la frase: Si ya estoy sufriendo, de alguna manera he llegado tarde a la lección de autoayuda. Desde luego que puedo hacer de super heroe, sacudirme lo que sea que tenga encima, coserme las heridas como “rambo” y seguir en “mi guerra” pero cuando “termina la película” hay que ir a ver a Silvester Stallone y su cuerpo….lo que quiero decir es que si ya sufres es tarde, ya te estás atacando y lo que te digan solo servirá de alivio momentaneo, de anestesia. Las buenas noticias son que ese alivio es un acercamiento a ti y lo que de verdad eres, y por eso sirve en el momento que es lo único que importa. También podemos PARAR y curarnos las heridas primero. Parar, aunque suene a paradoja, es un movimiento constante en procesos de curación, porque dejamos espacio para que ocurra la curación. Solo necesitamos encargarnos de PARAR y “si me voy, vuelvo”, “si ataco, me perdono”, “si pienso, siento”, “si me pierdo, me encuentro” y “si me castigo, me perdono”….

No importa cuantos libros hayas vendido, que tengas o no pareja, tu edad, que te duela algo, cuántas visualizaciones tienen tus videos o tus posts, que tus proyectos aún estén en el aire, todo eso son pensamientos y sensaciones que puedes vivir desde la vulnerabilidad porque ella te dice una de las cosas más importantes que hemos olvidado: Todo está en movimiento! Nada es fijo, todo fluye, no hay nada rígido, quieto, estático…así la sensación de fraude, y cualquier otra, solo puede flotar si sigues con la incansable búsqueda del más. ¿Y tú paz?

Siente la vulnerabilidad llamando a la puerta, cada vez que las cosas no salgan como has planeado, ábrele, déjala pasar y sentirás que estás protegida y que la interminable búsqueda que inunda el momento actual aparta la magia de la vida para seguir esperando una mentira universal: seré feliz cuando….

En lugar de hacer cosas para “no atacar”, podemos hacer cosas para sentir nuestra verdadera naturaleza así es como se curan las heridas, porque las heridas se curan cuidándote (presente) y no queriendo que se curen (futuro) o preguntándote porque las tienes (pasado).

El único lugar donde podemos cuidarnos es en el presente, aquí y ahora.

Si tu jarrón ya se ha roto o sigues atacando, ¡felicidades! porque TÚ NO ERES ESE JARRÓN, en realidad ERES EL/LA ARTISTA QUE LOS CREA y puedes crear todos los que quieras, eso es “curar las heridas”, ¡crearte a ti mismo!

Procura eliminar todo sentimiento vital insatisfactorio porque está basado en una percepción errónea de la naturaleza, de la vida y de la existencia. (Buda)

12s comentarios

  1. Hola EVA este texto tuyo me tocó profundamente. Cuántas veces me sentí y etiquetaron como loca (en especial mi mamá) por esos enojos de romper cosas. Cúantas veces escuché como vos dijiste esa frase “con ese carácter como te van a querer” y lo creí al pié de la letra. GRACIAS EVA POR TUS PALABRAS. En marzo cumplo 60 años y me propuse empezar a disfrutarme, con mis fisuras y tonalidades. TE MANDO UN BESOTE Y ME GUSTARIA CONTINUAR EN CONTACTO CON TUS ESCRITOS. UN SALUDO DESDE ARGENTINA.

  2. Querida Rosa, infinitas gracias por tus palabras y por compartir tu experiencia 😉
    MIs escritos seguirán aquí esperando a que los leas y puedes usar feedly <3
    Te mando un gran abrazo

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