Sé feliz sin mi

Si no puedes ser feliz sin mi, ¿cómo vas a serlo conmigo? Yo no puedo ser la condición de tu felicidad ¿sabes por qué? porque no es justo, ni respetuoso, ni amoroso y que la felicidad condicionada por alguien o por algo, no es felicidad, es apego, es necesidad de anestesia, es un reflejo de una vida de insatisfacción.

Le suele ocurrir a las personas que no han recibido mucho amor durante su infancia y que no han puesto conciencia a esa situación, siguen buscando desesperadamente que otra persona u otras personas calmen su angustia infantil, su sensación de no ser merecedoras de la vida y del amor. Creen, de eso se encarga Hollywood, las canciones llamadas “de amor”, las religiones, la educación y los medios de comunicación (casi nada), que con alguien, dejarán de sentir esa sensación de vacío interior. Y no me refiero solamente a lo que se conoce como relación de pareja, sobretodo porque estas cuando se acaban suelen hacerlo con una especie de licencia aceptada para «separarte y buscar otra», me refiero también a las familiares, fácilmente condicionadas por hechos culturales tan absurdos y poco cuestionados como «es tu padre» o «es tu hermana» o «es tu abuela», etc.

Pero ¿cuánto tiempo dura eso? es decir, si sientes una sensación de vacío y te has creído que alguien tiene que llenar ese espacio, ¿hasta cuando lo llena? muy sencillo, hasta que deja de hacer lo que quieres que haga. Por eso, no suele durar mucho tiempo, es como el síndrome de abstinencia (popularmente conocido como mono), la primera calada o el primer trago puede calmar y tapar la sensación de angustia, pero en breve el cuerpo aumenta su tolerancia y vuelve a flotar la sensación primordial por la cual hemos echado mano de la droga pidiendo más… así nos convertimos en personalidades adictas que reclaman cosas y/o personas. Pedimos más y más cada vez, manipulando y coartando la libertad, en su esencia, de formas insospechadas, hasta utilizando a terceras personas, muchas veces hijos, hijas, madres, padres, hermanos y/o hermanas para que se pongan de nuestra parte. A veces los patrones de víctima son tan fuertes que llegan a construir personalidad adeptas y seguidoras, ciegas, que creen estar defendiendo a la persona más desamparada sin darse ni cuenta de lo que así alimentan la infelicidad.

Pocas veces, las personas que viven estas situaciones de infelicidad, y necesitan manipular a otra u otras personas, lo hacen honestamente, es decir, no manifiestan, “necesito que me ayudes a calmar mi angustia y mi amargura de vida porque soy infeliz y aunque sólo yo puedo hacer algo, contigo me siento mejor” sino que intentan influir, muy sutilmente, sin dejar huella para que, aparentemente, no existan hechos que puedan destapar la manipulación hasta conseguir que la persona o personas se sientan culpables de su aclamado y conocido estado de infelicidad. Algunas veces hacen todo esto de forma inconsciente, han aprendido en su infancia desafortunada a manipular a las personas adultas para conseguir que estén a su lado y ya lo hacen de forma automática y peligrosa para las personas más sensibles.

Cuando la adicción a ese estado de felicidad condicionado es material, es un proceso bastante individual, con poco efecto “manipulador” sobre los demás, por ejemplo si crees que haciendo yoga, o yendo a terapia eres feliz, no afectas más que a quien tiene un centro y de forma “positiva” (para entendernos en este contexto) porque su cometido es que te puedas sentir mejor gracias a su negocio. Y seguramente en breve, si la persona no se vuelve adicta a la práctica, es decir, no la necesita para siempre como condición a su felicidad, podrá disfrutarla plenamente.
Cuando la adicción a ese estado de felicidad condicionado implica a otras personas, esas con las que crees que serás feliz, quieres tener en cuenta que no están aquí para servirte, en la mayoría de los casos (aunque se siga intentando esclavizar a los seres humanos) y que como personas que son, también tienen sentimientos, aficiones, metas, sueños, preferencias y una vida que vivir, que si tú estás condicionando, no estás respetando y por tanto dañando o, dependiendo de su poder personal y de su capacidad de poner límites, influyendo en ella y esta vez de forma “negativa” (también para entendernos en este contexto).

Yo, personalmente he estado en los dos bandos y sólo he sido consciente después de poner luz a mi vida, a mis inseguridades y mis miedos. Una luz con la que pude ver como manipulaba, reclamando a los demás lo que solamente me correspondía a mi hacer y hoy puedo vivir mi vida poniendo límites a quienes intentan hacer lo mismo conmigo y así vivir relaciones maravillosas que sólo aumentan la felicidad incondicional que ya existe en mi.

Mi deseo es un mundo donde las personas se amen y se respeten para que puedan amar y respetar a las demás.
Así que este nuevo año, ya que al ser humano domesticado le encanta eso de proponerse cosas sobre todo cuando comienza un año nuevo, ya podemos hacer un alto en el camino para preguntarnos: ¿soy feliz conmigo? y si la respuesta es no, detectar delicadamente patrones de manipulación que seguramente hacen de nuestro entorno un lugar tenso, incómodo, condicionado e irrespetuoso, para poder reaprender a amar de forma incondicional, es decir, amar a las personas como son, sin pedirles que hagan nada que no quieren hacer y hacernos cargo de nuestra felicidad. Y dejaremos de arrastrar la infancia irrespetuosa que tuvimos, para pasar a vivir la vida plena que nos merecemos.

¡Feliz año nuevo precioso ser que estás leyendo esto! Gracias por estar ahí y por la conexión que compartimos <3

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