Vuelve a abrir el corazón

consueloJamás invites a nadie a que cierre su corazón……

Hace algunos días, comiendo en un restaurante maravilloso, me encontré con una amiga y su hija de doce años. Después de comer fui a despedirme de ellas y mi amiga Silvia dice:
¡Ay Eva!, le estoy diciendo a mi hija que tiene que ir a uno de tus cursos.

Divertidamente suele ocurrir al revés, es la persona que lo dice, la que “tendría que” ir a uno de los cursos, sobretodo cuando quien creen que “tendría que” ir tiene menos de dieciséis años.
Entonces me agaché quedando a la altura de la mesa, donde podía verlas a las dos desde abajo y sonreí.
Silvia prosiguió:
Mira, no deja el móvil.
Mirando dulcemente a Elena, una preciosa niña de mirada serena, dije:
– Hay cosas muy interesantes con la tecnología, ¿verdad?, de hecho a los adultos nos pasa lo mismo, en seguida que nos aburrimos o nos sentimos incómodos, echamos mano al móvil.
Elena levantó lentamente su mirada del aparato y Silvia dijo:
Si entre semana no se lo dejo, solo el fin de semana, pero por un rato que tenemos para estar juntas y está con el móvil.
A lo mejor podéis hablar de algo interesante para las dos…..– dije.
Eso estabamos haciendo -Interrumpió para seguir explicando:
En el colegio se rien de una niña y yo le digo que eso no está bien, que no se puede reir de nadie.
Claro, lo entiendo, no está bien reirse de alguien, estamos de acuerdo, y ¿te acuerdas de cuando tú tenías doce años? ¿A quién le hacías caso? ¿A tu madre o tus amigas del colegio? En el colegio entra la necesidad de pertenencia, ¿recuerdas? si no haces lo mismo que tus amigos estás fuera…
Para ese momento, Elena ya había dejado el movil encima de la mesa y escuchaba atentamente.
– Si es que ella lo da todo y luego, luego…… -se lo pensó un poco y dijo: -Luego le dan la patada.

Son momentos mágicos en los que el silencio puede hacer eco suficiente para ver la programación limitante que pasa de generación en generación y la maravillosa oportunidad de cambio que tenemos.
– Ya, y crees que diciéndole que no lo dé todo la estás protegiendo de esa patada, ¿cierto?.
Silvia respiró hondo y con un gesto de alivio dijo:
– Exacto, eso es y además que luego no venga llorando.
– ¿Es eso lo que tu madre te decía a ti?– Para mi era una pregunta retórica ya que solamente se puede dejar sin consuelo a alguien si eso han hecho contigo.
Silvia responde:
Mi madre decía: “Te está bien empleado, la próxima vez te lo pensarás dos veces”

Para ese momento ya se siente claramente que Silvia repite un patrón, no se ha parado a reflexionar sobre lo que dice. Está creando una realidad que no quiere y además, está castigando con el famoso: ¡Te lo dije, así aprenderás! que recibió de su madre, una distorsión cruel de la idea de protección paternal.

Entonces, cuando le dices que no venga llorando, ¿le estás diciendo que no la consolarás para que aprenda que no debe darlo todo a sus amigas?
Lo hago por su bien, para que aprenda.– dice ya un poco dubitativa.
– Seguro que tienes la mejor intención, y eso ¿de que nos ha servido a nosotras?, ¿cómo estamos hoy veinticinco años después? felices, conectadas, alegres, con relaciones maravillosas, conscientes, basadas en el amor y el respeto…. – Ahora a Silvia se le escapa una carcajada y levanta una ceja.
Y ¿si sería mejor poder amar libremente, como nos apetezca, con la intensidad que queramos, dando todo lo que nos venga en gana a quien queramos sabiendo que, en el caso de que nos peguen esa patada ,como tú predices, nuestra madre estará ahí para consolarnos?
Mujer pues sí, viéndolo así sí.
Y tener esa necesidad de consuelo cubierta nos dará la confianza de que somos seres amados y que no importa lo que ocurra siempre recibiremos amor. Así podremos amar libremente, sin miedo.

Para este momento, Elena ya estaba casi encima de la mesa por la atención que estaba poniendo en la conversación que se había vuelto realmente interesante.

– Entonces, mi querida amiga vuelve a abrir tu corazón y deja que Elena mantenga el suyo abierto para siempre.
Silvia se queda un momento mirando hacia a dentro y como escuchándose a si misma dice:
Pues, es verdad, no lo había pensado.

Es una locura dejar de amar por miedo a que nos hagan daño y es más locura aún no encontrar consuelo, sino castigo. Dejar de consolar a cualquier persona, cuando todo tu ser te dice que lo hagas, aunque sea bajo la excusa, aceptada, de que aprenda, es pedirle que reprima su amor por algo que todavía está en tu recuerdo o incluso en tu imaginación.

Si no amamos plenamente ¿para que vivimos?

Los seres humanos necesitamos consuelo, deberíamos decir: Sal ahí y abre el corazón, dalo todo a quien tu sientas que quieres dárselo, vive plenamente que yo siempre estaré a tu lado pase lo que pase. En lugar de eso les decimos: no lo des todo, eres demasiado buen@, hacen contigo lo que quieren, y con eso les estamos diciendo; “no seas tu misma”, “cierra el corazón”, “te van a hacer daño”, porque “el mundo es un lugar hostil” y creo que “no puedes gestionar tus emociones” “tu intuición no vale”, etc…aunque lo hagamos “por su bien”.

Dejemos ya de aconsejar a grandes y pequeños que cierren el corazón para que no les hagan daño, no somos adivinos y no sabemos si eso ocurrirá, de hecho, que nos haya ocurrido a nosotros no es razón suficiente para que le ocurra a ellos, ni siquiera si les ha ocurrido a la mayoría de personas que conocemos.
Haciendo eso seguimos creando un mundo donde se puede hacer “daño”, donde los demás pueden ser “enemigos”, perpetuamos lo que no nos gusta con nuestras creencias, fomentamos el miedo porque querer proteger a alguien implica que hay algo de lo que protegerse.

Tenemos una oportunidad para cambiar nuestra sensación de que estamos desvalidos, que no podemos elegir, que no merecemos amor, que nuestro criterio no vale.
Lo más doloroso de cuando “alguien te da la pata” no es “la patada” en si, sino la falta de consuelo…

Vuelve a abrir tu corazón y deja que los niños lo sigan teniéndo abierto.

Gracias “Elena” y “Silvia”.

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6 thoughts on “Vuelve a abrir el corazón

  1. Gracias Eva por ilustrar tan bien este tema con la realidad de estas dos grandes personas que lo hacen lo mejor que saben.
    Me encantará leer un post escrito por Silvia tras asistir, si le apetece, a uno de tus talleres 😉
    Y si Eva también se siente motivada y hace lo que le apetezca para ir soltando patrones limitantes… genial!!!!
    Convencido que la mente subconsciente de esta pre adolescente ya hizo un click con esa conversación y al sentir a su madre “abierta” a nuevas opciones de interpretar/crear la realidad.
    Un abrazote teal!!!!

  2. Eva

    Gracias Oscar por tus maravillosas aportaciones <3

  3. Evita, gracias por ser, por estar y por compartir.

    El domingo pasado, mientras jugaba una agónica final de un torneo de padel en el que me llovían bolas de los rivales como si no hubiera fin, escuche desde el público el grito más bonito que nunca me han dicho mientras jugaba: ¡ Jesús , aguanta, no te mueras todavía !

    Hoy te lo digo a yo a tí

  4. Eva

    jajajajajajajajaja no tengo intención ninguna de momento! Gracias amigo por tu piropo <3

  5. ESTEFANIA

    hola Eva,
    realmente me ha encantado tu post.
    toda mi vida he seguido ese criterio….amar libremente…a pesar de las patadas, pues me reconfortaba saber que quizás salió mal pero que hice lo que sentía sin reprimirme. Y hablo en amar en general, parejas, pseudoparejas, amigos, amigas….
    Pero actualmente me pregunto ¿dónde está el límite? ¿cuántas patadas se pueden aguantar sin que afecte a nuestra felicidad?
    Siempre he tenido la suerte de contar con el consuelo necesario de las personas de mi alrededor pero ahora creo que ya no merezco ese consuelo puesto que cuando les hablo me parece repetir siempre la misma historia….cambio los personajes…pero el resultado es el mismo y me pregunto si madurar no significará también aprender a cerrar un poco el corazón.
    Si amas a alguien pero ves que por su forma de ser y por mi forma de ser seguiré recibiendo patadas, ¿debo alejarme aunque ninguno de los dos quiera?

  6. Eva

    Querida Estefania, gracias por tu mensaje. ¿Y tú qué crees?
    Un abrazo

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