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El camino del corazón siempre llama a la puerta. A veces no escuchamos la llamada porque la decisión de seguirlo puede ser delicada. Dejar de hacer lo que hacemos desde la mente programada y empezar a hacer lo que sentimos conlleva muchas situaciones de incertidumbre. Es un salto a lo que parece el vacío y la mente se suele oponer a él con su sistema de creencias.

El camino del corazón es el camino hacia la libertad y puede estar lleno de lo que interpretamos como obstáculos y que no son más que aprendizajes necesarios para volver a establecer las bases fundamentales de nuestra existencia verdadera y plena.

El andar del camino del corazón puede requerir valor sobre todo al inicio. Valor para dejar de seguir los patrones que nos desviaron precisamente de ese camino y nos pusieron en el camino de una sociedad marcada, robotizada y establecida según criterios demasiado consumistas.

Lo que sentimos como sufrimiento en nuestra vida es, muchas veces, el efecto de no seguir el camino del corazón. Sería como la señal que nos indica: ¡Por aquí no es!. En la sociedad se generan bastantes interferencias que nos alejan de la claridad, demasiadas instrucciones falsas que nos despistan para que lleguemos a lugares sin sentido y nos desvían de nuestro propio camino.

La guía del camino del corazón está en nuestro interior, es lo que sentimos, no lo que pensamos. Pensar es cosa de la mente y si está programada responderá a programas puestos allí por alguien con intereses como mínimo diferentes a los tuyos propios sobre todo porque los tuyos solo los conoces tú.

Un efecto que suele surgir al inicio de este maravilloso camino es lo que llamamos miedo. Sentimos miedo a la reacción de las personas de nuestro alrededor, sobre todo a las que hemos contentado o priorizado por encima nuestro. Sentimos miedo a la incertidumbre, al que dirán, al futuro, etc. Todos esos miedos, son parte de la mente programada, es decir, cuando decidimos dar el primero paso y lo damos, desaparecen o se transforman en energía, en confianza, en seguridad interior generados por el valor. En el presente, ese famoso estado que la mente intenta evitar, sentimos una fuerza poderosa que nos acompaña a actuar desde los valores fundamentales propios de la humanidad.

Sentir requiere dirigir la atención, observar el pensamiento, controlar la mente para convertirla en una herramienta más de nuestro poderoso sistema cuerpo-mente-espíritu. Sentir también requiere valor pero no necesitas preocuparte por tu valor ya que el camino del corazón solo comienza cuando tu valor está listo de nuevo para vivir sin miedo, con la seguridad y la confianza con la que llegaste al mundo.

¡Seguir el camino del corazón es respetar la vida!

Cuantos más seres humanos sigamos el camino de nuestro corazón, más bello se hará este mundo, más cooperación, más empatía, más confianza, más creatividad, más amor y sobre todo más humanidad.

¡Gracias por elegir el camino de TU CORAZÓN!

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