Cuando hay algo que parece no funcionar en la vida, se pueden activar programas automáticos para querer cambiarlo. Se cree popularmente que la razón de nuestro sufrimiento, malestar o fracaso es provocado por eso que «no funciona» y el miedo a no saber se hace presente.

Después de conseguir salir del patrón de víctima que reza: ¿Por qué a mi?, suelen empezar las preguntas tipo ¿cómo puedo cambiar esto que no funciona? y la mente programada encuentra fielmente todo tipo de supuestas soluciones. Muchas de ellas son en realidad distracciones que desvían la atención de lo que realmente importa y así «aguantar» un rato más por el insatisfactorio, aburrido y doloroso camino del «tener que».

Creer que algo no funciona, despierta la hazaña de querer cambiarlo. A veces hasta se consigue. Por un tiempo, aparece el alivio propio del héroe que ha alejado al «enemigo» sin saber que sigue emanando el perfume que atrae la insatisfacción de buscar fuera. Es un perfume conocido, familiar, alguien lo usaba en casa y lo hicimos nuestro. Ese perfume se llama «yo tengo que hacer algo» y con él te separas de la fuente, te sientes desprotegida…

Hemos olvidado que sabemos la verdad, que existe una fuerza vital que nos lleva a través de la intuición a caminar nuestro camino esencial. En ese camino no hay sufrimiento, nada «no funciona» porque todo forma parte de lo mismo y es necesario tal y como está ocurriendo. Incluso el querer cambiar algo, aún siendo producto de la programación, necesita verse para poder transformarse. Si nos empeñamos sufrimos, si nos salimos del medio se transforma.

Cuando algo no funciona salte del medio. Deja que se revele la verdad, la luz y el poder. Vuelve al inmenso regalo del presente donde no cabe el miedo porque ya no estás en medio.

Somos una chispa de la divinidad, como una gota del océano es parte del océano y tiene todas sus propiedades en otra cantidad. Igual que, si esa gota se separa del océano muere pero si está en él es pura fuente, la chispa que somos quiere estar cerca de la divinidad o se apaga. Nuestras acciones quieren responder al amor y no al miedo.

Si te sales del medio podrás mirar con dulzura, hablar con ternura, caminar con elegancia, tocar con delicadeza, dejar espacio con comprensión, respirar profundamente, observar con curiosidad, saltar a tope, amar incondicionalmente, decir «no lo sé», saberse sostenida, sentirse guiada, estar atenta a los propios pensamientos inconscientes adquiridos por la confusión del amor con la obediencia. Si te sales del medio cada decisión se verá arropada por la luz del misterio espontáneo natural propio de una vida en confianza, sin miedo al qué pasará ni al qué dirán.

Vivir una vida de presencia inefable llena de una magia y creatividad cómplices de la aventura auténtica de ser en conexión con todo.

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